Freud soñaba con espinacas. Shaw escribía sobre arañas y leonas e Iiro hablaba de patos y zapatos. Todos símbolos. Todos objetos. Zapatos, arañas y espinacas son materia de la realidad pero también son las funciones dentro de los mundos simbólicos que Iiro, Shaw y Freud habitaban. Tal como los peces conocen al mundo como océano, nosotros los humanos nadamos en los símbolos entre los cuales vivimos y sobre los cuales pensamos. Ellos son nosotros y nosotros somos ellos. No obstante, nosotros los hacemos y los deshacemos. ¿Cómo es eso?
Si busco zapatos en el demasiado conveniente "Indice de Símbolos" del último volumen de la Edicion Standard de la obra de Freud, leeré: "Zapatos y zapatillas son genitales femeninos" (1916-17, 15:158). "Una araña en los sueños es símbolo de la madre, pero de la madre fálica, a quien tememos. Por eso el temor a las arañas expresa el miedo de la madre-incesto y horror de los genitales femeninos" (1933a, 22:24). ¿Se puede considerar al pato de Iiro igual que al buitre que mordisqueó el higado de Prometeo ("un pene"-significado no ajeno a él en otras relaciones, según sabemos por las leyendas, los sueños, el uso lingüístico y las representaciones plásticas de tiempos antiguos" [1932a, 22:189])? ¿O es aquel pato el fénix ("que probablemente tenía el significado de un pene revivido después de su colapso" [1932a, 22:190-1])? Si es así, el pato también debe simbolizar un pene. En las dos ocasiones que Freud trató a leones como símbolos, ellos representaron hombres grandes o padres (1900a, 5:462, 1918b, 17:39, 112). Se puede presumir, entonces, que la leona de Shaw es una madre.
Este tipo de decodificación de símbolos puede llegar a ser un poco raro. Por ejemplo, cuando yo caminaba hasta la tienda de la esquina para comprar el diario New York Times, pasaba frente a postes de luz (falos), gatos (vello del pubis), árboles (falos), tarros de basura y cartones (úteros), sobretodos (genitales de género ambiguo), sombreros (genitales masculinos), y dos iglesias (genitales femeninos). Entonces, ¿por qué no era más entretenida esa caminata? ¿Por qué no me sentía excitado cuando pasaba frente a los candados elaborados de la puerta trasera de la farmacia (genitales femeninos)? ¿Por qué no sentía ansiedad cuando pasaba la tienda del sastre (castración)?
Debo preguntarme (como efectivamente Freud imaginaba que lo haría), "¿Vivo realmente en el bosque de los símbolos sexuales?" "¿Son todos los objetos en torno a mí toda la ropa que llevo, todas las cosas que recojo, sólo símbolos sexuales y nada más?" (1916-17, 15:158). Freud contestó su pregunta sólo en la medida en que demostró estas y otras ecuaciones simbólicas a contar de una gran variedad de fuentes, cuentos de hadas, mitos, chistes, jerga y folklore de todos los tipos. Podía presentar una gran cantidad de evidencia, y lo hizo.
Aún más, estas ecuaciones simbólicas pueden tener mucho sentido. Sabemos que Shaw sintió mucha preocupación por su madre. Era propenso a traducir a cualquier animal hembra en una preocupación propia. Parece que Iiro era igualmente propenso a traducir sus sensaciones de la desadaptación de sus manos y pies en la sensación de que él era inadecuado como niño hombre con un pene: de ahí su primera asociación con un pato y asociaciones posteriores con anguilas y una espada.
No creo que estos símbolos sean tan "erróneos" como insuficientemente desarrollados. Debido a su carácter uno-a-uno-pato equivale a pene-se trata de teorías de substitución: el pato reemplaza al pene. Para mí tiene más sentido pensar en el símbolo como una unidad dual que involucra tanto símbolo como simbolizado. El pato puede representar un pene, pero es un pato (Noy, 1973). En general, las substituciones simbólicas uno-a-uno no dejan lugar a la complejidad del sueño, del chiste, de una novela, de un síntoma, o de un garrapato, de la estructura simbólica misma, o la relación con su simbolizador humano (Rodrigué, 1956).
Está bien que un pato tenga pies palmeados. ¿Podría ser la razón por la cual Iiro se imaginó que era un pato? Decir simplemente que zapato = vagina dejaría fuera los complejos sentimientos que Iiro tiene que haber experimentado en relación a los zapatos, ya que él tenía que usar zapatos ortopédicos. ¿Podría haber escondido los dedos palmeados en zapatos communes? ¿Podía haberse imaginado que si cambiaba su masculinidad por femineidad (si se volvía zapato en lugar de pato), se sanarían sus manos y pies? De la misma manera, la leona en la frase de Shaw al amante: "Tu cabeza está en la boca de la leona", sea madre o no, la leona es fundamentalmente una devoradora. La cena de comensales en mesa redonda, de Freud, podría simbolizar una deuda-ciertamente a Freud le preocupaban las deudas morales y monetarias-pero también podría representar gratificación o alimento.
Ernest Jones estableció la teoría clásica del simbolismo psicoanalítico en 1916. En su primera fase (ver p. 331), él supuso la existencia de una oposición entre lo consciente y lo inconsciente, que llevaba hacia otras fronteras claramente delimitadas..
En primer lugar, distinguió el simbolismo psicoanalítico de todas las otras categorías. Los símbolos "verdaderos" siempre representan temas reprimidos del inconsciente, en oposición a las banderas, los semáforos o las marcas comerciales que llamamos símbolos en el sentido común y corriente.
En segundo lugar, dijo, los símbolos verdaderos siempre tienen un significado constante. Estaba siguiendo a Freud:
De esta manera [al interpretar los símbolos] obtenemos traducciones cons- tantes de un número de elementos oníricos-de la misma manera en que los "libros de sueños" populares las proporcionan para todo cuanto aparece en los sueños. No se habrán olvidado, por supuesto, que cuando usamos nuestra técnica asociativa nunca aparecen las substituciones constantes de los elementos oníricos (1916-17, 15:150).
De modo que Jones y Freud consideran estas ecuaciones simbólicas en gran medida opuestas a la asociación libre, evidencia habitual de la conexión psíquica en el psicoanálisis.
En tercer lugar, dice Jones, todos los símbolos expresan temas sobre el yo corporal, parientes consanguíneos, o los fenómenos de nacimiento, amor y muerte. La gente suele traducir esto burlonamente: Los símbolos "freudianos" son "sexuales".
En cuarto lugar, los símbolos traducen los pensamientos que existían previamente en otra forma, pero reprimidos. Por eso, la interpretación de símbolos siempre nos lleva hacia el pasado y generalmente al pasado muy remoto de fantasías infantiles y creencias . Jones los llama "las ideas e intereses más primitivos imaginables"
Al interpretar los símbolos, Jones observa, como lo hiciera antes Freud, que los símbolos muchas veces siguen conexiones lingüísticas a través de la etimología o los modismos. De igual modo, los símbolos tienen paralelos en los mitos, las leyendas, el folclor, la ficción y la poesía, aunque (como lo señaló Freud) no todo estos símbolos culturales aparecen en los sueños ni aparecen todos los símbolos oníricos en los espacios culturales. Se puede entonces comparar claramente a los "símbolos freudianos" con un lenguaje (tal como en los diversos diccionarios de símbolos oníricos), y Freud lo hizo:
el soñador tiene un modo simbólico de expresión a su disposición que no conoce ni reconoce en su estado de vigilia. Esto es tan extraordinario como si usted descubriera que su camarera entiende sánscrito, aunque usted sabe que ella nació en un pueblo de Bohemia y nunca lo aprendió (15:165).
Antes que Freud reconociera el simbolismo inconsciente, había hablado de actividad inconsciente solamente en términos de acciones mentales: el esfuerzo constante de represión, la conversión de sentimientos en síntomas corporales, el "trabajo" del sueño.
Ahora, sin embargo, se trata de mucho más que esto. Se trata de piezas inconscientes de conocimiento, de conexiones de pensamiento, de comparaciones entre diferentes objetos que resultan en la posibilidad de intercambiarlos normalmente entre sí. Estas comparaciones no se producen de nuevo para cada ocasión, están allí, disponibles y completas, de una vez y para todas (15:165).
Como un lenguaje. O como las frases hechas o los cálculos aritméticos que el soñador trae a su sueño.
Para explicar este cuasi-lenguaje, del cual los sueños sólo utilizan una parte, Freud y Jones recurrieron a una teoría del filólogo sueco Hans Sperber, de que los sonidos del lenguaje servían originalmente para llamar a la pareja del hablante. Luego, estos mismos sonidos, proferidos rítmicamente mientras nuestros antepasados de Neanderthal cazaban y recogían, llegaron a denotar actos de trabajo también. Por lo tanto, tenemos muchas raíces verbales (sobre clavar, digamos, arar o echar semilla) que denotan trabajo pero que pueden ser usadas como símbolos sexuales.
Por descabellada que suena, algunos analistas contemporáneos han encontrado un núcleo de verdad en esta teoría. Si pienso "Jane", no sólo traigo a mi pareja a la mente sino que también recuerdo su ausencia o, incluso si ella estuviera en mi estudio conmigo, la irreductible diferencia entre Jane y el yo que dice "Jane". Todo lenguaje-por lo menos toda denominación-establece tanto una presencia como una ausencia al sustituir la cosa por la palabra. Se podría decir entonces que en toda denominación "habla el deseo", es decir, el hecho de nombrar anuncia tanto el deseo como la ausencia de aquello que es deseado. Muchos analistas franceses de la última década seguidores de Lacan, han concluido esta misma analogía entre los procesos inconscientes y el lenguaje.
Con Freud y Jones, sin embargo, me parece que la analogía de ellos, de los símbolos oníricos con el lenguaje, los saca de la aislación del símbolo onírico psicoanalítico que Jouel propusiera en primera instancia. Como dice Charles Rycroft, "Cuando Balzac compara a los hombres torpes haciendo el amor con gorilas tocando el violín, o cuando la reina Elizabeth I dijo: 'Si yo hubiese nacido con una cresta en vez de hendidura sus Señorías no me tratarían así', ambos deben haber estado plenamente conscientes de los alcances de lo que decían y usado imágenes que efectivamente suelen aparecer en los sueños en contextos que permiten su interpretación como símbolos sexuales" (1979, p. 75).
En otras palabras, los símbolos oníricos no están limitados a los sueños; los usamos en nuestras metáforas de cada día, así como en la propia evidencia de Freud para sus interpretaciones simbólicas. Aquellos que usan densamente la interpretación de los símbolos en crítica literaria, tienden a usarlos como si se tratara de un sistema fijo, plenamente demostrado (yo mismo escribí de esa manera, tal vez durante unos doce años).
Sin embargo, si uno se vuelve hacia las partes de La interpretación de los sueños en que Freud introduce por primera vez la idea psicoanalítica del simbolismo y sigue de cerca las fechas de sus múltiples interpolaciones (proporcionadas por la Edición Standard), se encontrará con una cantidad considerable de vacilaciones y salvedades expresadas allí. Así, existe otra manera de pensar, deducible del propio Freud, que trata de símbolos de una manera muchísimo más flexible.
La idea global del simbolismo de Freud surgió después de las ideas principales de "La interpretación de los sueños", como un apéndice a los sueños "típicos", los sueños que mucha gente comparte sobre los exámenes, la desnudez, etc.... Los símbolos no eran sueños completos sino imágenes particulares que mucha gente comparte. En particular, los simbolos tendían a aparecer como un sustituto de las asociaciones libres, como si el soñador las adoptara tal cual están (como construcciones gramaticales y aritméticas en los sueños).
Sin embargo, Freud insistió siempre, incluso cuando agregó la lectura de los símbolos a la "Interpretación de los sueños", que se trataba de un complemento para el método primordial del psicoanálisis, a saber, la libre asociación (5:359-60). A veces incluso un símbolo debe ser interpretado "en su significado propio y no simbólicamente"(5:352). Los símbolos pueden tener varios significados y, "tal como sucede con la escritura china", se llega a la interpretación "correcta" según el contexto más que a través de la decodificación del libro de sueños. Aún más, muchos de los significados originales dados a los símbolos representan "las interpretaciones descuidadas de Stekel", quien tenía el hábito lamentable de inventar su evidencia (Jones , 1955,2: 134-37).
Freud sin embargo deja de lado toda vacilación y decodifica como el más auténtico libro de sueños en la Conferencia X de la primera serie de Conferencias Introductorias (1916-17), su más completa y vigorosa declaración de la teoría del simbolismo. Aunque estas conferencias son anteriores a varios de los mayores descubrimientos de Freud, se utilizan ampliamente para los estudiantes como una introduccón al psicoanálisis. Por lo tanto, los símbolos psicoanalíticos forman una parte considerable de la idea que la mayoría de los universitarios norteamericanos tienen del psicoanálisis (especialmente el psicoanálisis aplicado a la literatura y las artes).
Después de 1916, toda la tendencia del pensamiento psicoanalítico relacionada al simbolismo da lugar a una teoría menos unívoca, menos doctrinaria. En particular, Melanie Klein (1930) y sus seguidores, tales como Hanna Segal (1957) escribieron ensayos importantes que amplían la perspectiva psicoanalítica previa del simbolismo. Donde Jones había sostenido que "el simbolismo... constituye una barrera al progreso", Klein (trabajando con el historial de un caso) aseveró que el simbolismo hacía que fuesen posibles identificaciones tolerables, estructurales y creativas. De ahí que al juntar los procesos mentales conscientes e inconscientes, el simbolismo hacía que los procesos inconscientes fueran accesibles, y los ponía a disposición de la creatividad o la terapia. Klein pensó que esa formación-de-símbolos acompañaba al crecimiento dentro de la terapia o fuera de ella. Segal usó el enfoque de Klein para explorar toda la relación del yo-símbolo-simbolizado.
Esta exploración echó raíces en las tres escuelas psicoanalíticas inglesas. Por ejemplo, Marion Milner llevó la idea de identificación de Klein aún más lejos, a la fusión (1957a). El simbolismo, indicó ella, involucra una fusión del símbolo, del simbolizado y del simbolizador. (En la mente del simbolizador el zapato es una vagina). En el juego y en la creatividad artística, los símbolos adquieren vida propia: la lógica del dibujo o del juguete dictamina el resultado, en vez de la voluntad del creador. Entonces sea cual fuere el contenido, el modo de la fusión simbólica recobra la fusión original en la infancia de la boca y el pecho, o del infante y la madre. Abandonamos provisoriamente el ego "objetivo" que discrimina y sufrimos una pérdida temporaria del yo (que Ernst Kris describió en el lenguaje de la psicología del ego como "regresión al servicio del ego"-1952), en favor del símbolo-otro. Por lo tanto, el arte entrega al adulto un espacio enmarcado, un tiempo delimitado y un medio flexible con los cuales se puede, una y otra vez, recrear a voluntad parte de la experiencia diaria de la infancia (Milner, 1952, véase también 1957b, 1969).
En un estudio famoso de 1963, Werner y Kaplan relacionan el aprendizaje del lenguaje de un niño a patrones psicoanalíticos. Ellos enfatizaron también el papel de la dinámica interior en la simbolización, en oposición a las similitudes externas entre el símbolo y su objeto (muy parecido a la insistencia del lingüista Saussure en la "arbitrariedad" de la relación entre significante y significado). Durante la primera infancia, los símbolos adquieren su significado dentro de un contexto interpersonal, como parte de la relación de madre e hijo. Es solamente más tarde cuando las consideraciones puramente lingüísticas se vuelven predominantes.
Los sociólogos Weinstein y Platt desarrollaron un aspecto cultural de la teoría psicoanalítica de los símbolos (1973, pp 69-89). Los símbolos representan las maneras en que se socializan todas las estructuras de una personalidad, inclusive el id. El id es un mero agente de deseo; no obstante, para desear uno debe poseer símbolos para encarnar el deseo, y aquellos símbolos tendrán un origen social. El argumento se aplica con más fuerza aún al yo y al superyo. En la misma vena, George Klein desarrolló el punto de vista de que los fantasmas inconscientes (gatillados por la ansiedad, amenazas a la auto-estima, y cosas análogas) incluyen directrices de acercamiento y evasión. Las fantasías inconscientes inducen símbolos que, a su vez, se convierten en la base de la conducta (1970, pp. 397-404).
En Francia, Lacan desarrolló toda la idea del simbolismo mucho más y en forma más extensa hacia "lo simbólico", el orden simbólico, la ley que subyace-es, en realidad-nuestra cultura. Sin embargo, este es claramente un concepto mucho más amplio del simbolismo que el de Freud, o el de la mayoría de los analistas no franceses. (Un recuento lúcido y lapidario de la visión de Lacan se puede encontrar en el diccionario de Laplanche y Pontalis [1968, 1973], s.v. Simbólico [sb]).
Menos abstractamente teóricos, pero intensamente más de sentido común (en la mejor tradición británica) son los escritos de Charles Rycroft sobre el simbolismo, particularmente el simbolismo de los sueños. Por ejemplo, indica que "las ideas del sí mismo y de los parientes de sangre más cercanos, o de los fenómenos de nacimiento, de amor, y de muerte" no tienen que tomarse como "las ideas e intereses más primitivas imaginables". Al contrario, su propia frase "el conjunto de imágenes relacionadas al destino biológico", sugiere que los sueños y los símbolos psicoanalíticos tratan de las preocupaciones más fundamentales y perennes de la humanidad (1979).
Rycroft interpreta un número de símbolos familiares, aunque dice que no tiene sentido hacer listas de significados típicos para perros o caballos en los sueños, por ejemplo. Al contrario, debemos preguntarnos ¿qué conjunto de imágenes tiene a su disposición este soñador para construir sus sueños? y ¿qué determina la aptitud de aquel conjunto de imágenes para expresar esas ideas en particular? En otras palabras, Rycroft restituye los símbolos oníricos a su contexto propio, es decir, a las palabras del soñador en su ambiente personal y cultural (1979).
Para Rycroft, los sueños son simplemente la manera como funciona la imaginación durante el sueño, y no hay razón alguna para suponer que el simbolismo sea un recurso con el cual los soñadores se engañan a sí mismos. Más bien, los sueños son el enlace con otras formas del pensamiento imaginativo. Sin duda, las afirmaciones de los sueños tienden a ser de una naturaleza que el soñador prefiere no comprender, y este fenómeno justifica ampliamente la división que Freud hizo de lo humano en dos partes-lo consciente y lo inconsciente (1974, 1975).
Su versión es una ampliación considerable de la perspectiva clásica del simbolismo de Freud-Jones. Aún así, el propio Freud sugiere esta perspectiva más amplia. El acepta la opinión de Aristóteles de que un sueño es el proceso que persiste en el dormir. Aunque es verdad que cierto tipo de pensamiento en vigilia difiere claramente del pensamiento de los sueños, no sucede así con el pensamiento metafórico, imaginativo. Éste proporciona una continuidad entre nuestros sí mismos soñadores y los actos más inteligentes de nuestros mismos en estado de vigilia.
El propio Freud sugiere una idea muy amplia de los sueños en las famosas frases finales de La interpretacion de los sueños: "Al imaginar cumplidos nuestros deseos , los sueños nos conducen, después de todo, hacia el futuro. Pero este futuro, que el soñador imagina en la mente como el presente, ha sido moldeado por su deseo indestructible en una réplica perfecta del pasado". Aquí Freud se refiere a su definición básica del deseo como un impulso para recobrar una percepción vinculada a la situación de una satisfacción anterior. Los sueños son el cumplimiento de los deseos. De ahí que los sueños y el simbolismo de los sueños siempre nos indican un futuro , pero un futuro totalmente definido por el deseo pasado.
Cuando Freud escribió sobre los escritores creativos y los soñadores despiertos, desarrolló este modelo más abierto:
La relación de una fantasía con el tiempo es generalmente muy importante. Podemos decir que está, como si estuviera suspendida entre tres momentos del tiempo que involucra nuestra ideación. El trabajo mental se vincula a alguna impresión actual, alguna ocasión molesta en el presente que ha sido capaz de despertar uno de los deseos más importantes del sujeto. De ahí atiende a un recuerdo de una experiencia anterior (generalmente infantil) en la cual se cumplió este deseo; y ahora crea una situación relacionada al futuro que representa un cumplimiento del deseo. De este modo, es como si el pasado, el presente y el futuro estuviesen tejidos juntos con el hilo del deseo que los atraviesa (1908e, 9: 147-48).
Aquí Freud establece en forma muy
comprimida un modelo de la actividad
mental que él dedujo del estudio de los
sueños y que podemos aplicar al proceso
consciente de fantasear y a la actividad
imaginativa en general. Tiene tres fases
que se podrían representar por medio de un
gran signo de raíz cuadrada.

Tenemos un pensamiento o percepción consciente. Se hunde, como si fuera hacia abajo, en "el inconsciente", donde atrae hacia sí mismo las fantasías inconscientes, reprimidas o de la primera infancia. Entonces nosotros transformamos ese pensamiento o percepción (cargado ahora de alguna versión de esas fantasías) en ideas conscientes, comunicables.
Freud ofrece una analogía con el comercio:
Un pensamiento de día bien puede hacer el papel de entrepreneur en un sueño, pero el entrepreneur, quien, como dice la gente, tiene la idea y la iniciativa de llevarla a cabo, no puede hacer nada sin el capital; precisa de un capitalista que puede aportar los fondos, y el capitalista que provee los fondos psíquicos para el sueño es, invariable e indiscutiblemente, sean cuales fueren los pensamientos del día anterior, un deseo del inconsciente (1900a, 5:561).
A medida que cambian las circunstancias, las diferentes fases de este proceso pesarán más o menos dentro del todo. Presumiblemente, en la planificación imaginativa o al soñar despierto sobre el futuro, el aspecto futuro será más fuerte que en los sueños. En la resolución de problemas o el pensamiento orientado hacia la realidad, el efecto de los deseos inconscientes o de la infancia será menos visible. Los distintos tipos de sueños conducirán más o menos a lo que sabemos conscientemente en el presente.
Al extraer las similitudes entre soñar despierto, soñar de noche y el pensamiento imaginativo, metafórico, Freud establece un espectro de modos relacionados al pensamiento en vez de una clara delimitación (como Jones parecía afirmar). Lo que Freud ha establecido es un paradigma de lo que hace el pasado preverbal, inconsciente, cuando pensamos. El proceso de simbolización ocurre en todo nuestro pensamiento.
Tampoco tenemos que suponer que el pensamiento simbólico siempre apunta hacia atrás en el tiempo. Como dice Paul Ricoeur,
¿No son los sueños una concesión que fluctúa entre estas dos funciones [regresión y progresión], según como el aspecto neurótico empuja a los sueños hacia la repetición y el arcaísmo, o como los sueños mismos están encaminados hacia una acción terapéutica empleada por el yo sobre sí mismo? A la inversa, ¿Hay algún símbolo importante creado por el arte o la literatura que no esté enraizado en el arcaísmo de los conflictos y dramas de nuestra infancia individual o colectiva? Las figuras más innovadoras que un artista, un escritor o un pensador pueda producir evocan energías antiguas que fueron originalmente investidas en figuras arcaicas; pero al activar estas figuras... el creador revela las posibilidades más abiertas y fundamentales del hombre y las construye en los nuevos símbolos del sufrimiento de la consciencia del sí mismo (1970, p. 322).
De hecho Freud mismo nos demuestra en aquellas últimas frases de La interpretación de los sueños cómo "los sueños, después de todo, nos están conduciendo hacia el futuro", no obstante un futuro que es "una réplica perfecta del pasado".
Jacques Lacan ha extendido el concepto Freud-Jones inicial del simbolismo en otra forma, hacia le nom du père, una frase exquisita que conduce igualmente hacia "el hombre", el "sustantivo", y el "no" del padre. En el nombre o sustantivo de "el padre", Lacan no indica al padre, ni a ningún padre en particular en un sentido literal, sino a un padre más metafórico, una "función" que incluye todo el orden simbólico que heredamos de nuestros antepasados cuando nos dan a luz en la cultura, especialmente el lenguaje. En éste como en otros conceptos, según lo explica Murray Schwartz, Lacan obtiene metáforas de la primera fase de psicoanálisis (padres, falos), para expresar la tercera fase de psicoanálisis, la psicología del sí mismo (vea pp. 331-33), lo que hace que sus escritos sean notoriamente díficiles. Obviamente en el sentido literal, las madres incorporan el orden simbólico, y tal vez más aún .
Aquel orden constituye una bodega o un tesoro de donde extraemos nuestro vocabulario simbólico. Es como un "puntador", un tipo de libro del siglo XVI que contenía citas y otra informaciones verbales estructuradas de donde uno podía copiar para construir su propio libro (como un moderno archivo de recortes).
Un símbolo o "signo" en el sentido de Lacan (que aquí va mucho más allá del sentido de "símbolo" que tenía Freud) incluye un significante, el sonido de una palabra o la representación escrita del sonido, y el "significado", su significación, que comprende todo lo que entendemos por significado en el termino "significativo".De acuerdo con algunos lingüistas, especialmente Jakobson, este orden simbólico está estructurado en una serie de negativos: un símbolo es lo que es porque no es esto, aquello o lo otro. "Pato" no tiene un vocal de sonido prolongado, no es inanimado, no es humano, etc. etc., siguiendo ciertos tipos de parejas lingüísticas, algunas específicas del inglés, y otras que son características de todas las lenguas que distinguen "pato" de "zapato" (Serían suficientes veinte de estas parejas para distinguir todas las palabras en inglés, lo que nos permite jugar a "las 20 Preguntas"). De ahí que el orden simbólico es definido por el "no" del padre, los negativos del lenguaje y de la cultura, pero también las prohibiciones, los "no harás tal cosa" que Freud asignó al padre disciplinario. Nuevamente, "el padre" aquí es un padre metafórico. En el mundo no-metafórico, los padres y las madres dicen "No". Sin embargo la perspectiva de Lacan-de vincular la autoridad y las lenguas y llamarlas cualidades centrales de la experiencia humana-¡es muy francesa!
De acuerdo con Lacan, a medida que cada uno de nosotros se va desarrollando hacia el mundo adulto, adquirimos nuestra propia versión de le nom du père. Por ejemplo, en su interpretación del Hombre-Ratón, Lacan formula "el mito individual del neurótico", "la constelación original que regía el nacimiento del sujeto, que comandaba su destino y... su prehistoria, específicamente las relaciones familiares fundamentales que estructuraron la unión de sus padres". Para el Hombre-Ratón, este mito era: "el conflicto entre mujer rica/mujer pobre". Lacan dice que toda la confusión acerca de si Lanzer debía pagar a un teniente o al otro, o a la mujer del correo, constituye "un libreto... un esquema que es el equivalente de la situación original, complementario en algunos puntos y suplementario en otros, paralelo en un aspecto e invertido en otro". En otras palabras, Lacan usa algo como un tema de identidad para el Hombre-Ratón, pero lo limita a "lo neurótico" y a los síntomas particulares que condujeron a Ernst Lanzer hacia Freud (Lacan, 1953, pp. 410, 415, 413,415; Evans, 1979).
Me parece a mí que de esta manera, Lacan exagera y minimiza el caso. Lo minimiza al limitar su fórmula a la parte neurótica de Lanzer como si pudiéramos dividir a Ernst Lanzer en partes: las sanas y las enfermas, como si fuera un cajón de manzanas. Lacan no procura un mito que pudiera incluir toda la vida de Lanzer, un estilo que permeara toda su particular red simbólica. El exagera el caso al considerar que la vida de Lanzer fue determinada por la deuda de su padre y el matrimonio de una manera casi astrológica.
Posiblemente estoy respondiendo como norteamericano al intenso francesismo de Lacan, pero creo que aún alguien tan perturbado como Ernst Lanzer tiene más autonomía de la que sugiere un "libreto" semejante. Me parece que cada uno de nosotros entra en el orden simbólico a su propio modo. Haremos uso de sus símbolos, su cadena de signos y significados para nuestros propios propósitos, aunque (como recalca Lacan con toda propiedad) este orden simbólico existe antes de que entremos en escena y después de que salgamos. Como un diccionario, se abre igual para todos y nos impone límites del mismo modo. Sin embargo, como un diccionario, cada uno de nosotros lo usa en forma diferente. Aunque usemos el orden simbólico muy efectivamente o muy torpemente, nosotros somos quienes lo hacemos de acuerdo a nuestra propia elección, y no por la elección de nuestros padres, ni por algún código prexistente.
Si busco "araña" en el "Indice de símbolos" de la Edición Standard de Freud, encuentro "el miedo a las arañas expresa pavor a la madre-incesto y horror de los genitales femeninos" (1933a, 22:24). Así puedo entender lo apropiado de la metáfora que hay en este pasaje sobre el cortejo: "Se supone que la mujer debe esperar, inmóvil, hasta que sea cortejada. No es para tanto. Efectivamente ella espera inmóvil a menudo. Así es como la araña espera al moscardón. ¡Pero la araña teje la tela, y si el moscardón demuestra una fuerza que es capaz de desenredarlo, con qué rapidez abandona la araña la ilusión de la pasividad, y abiertamente lanza hilo tras hilo en torno al moscardón hasta tenerlo atado para siempre!"
El autor es Shaw, en el prólogo de Hombre y Superhombre. Sin embargo, en la obra misma, cuando el héroe se da cuenta exactamente de eso, de que lo están atrapando, dice: "Entonces, yo soy la abeja, la araña, la víctima marcada, la presa señalada. Usa el símbolo muy a la manera de Shaw, en oposición al significado usual. La araña no es el depredador, sino la presa, aunque en el mismo contexto en que el cuerpo de una mujer traga el cuerpo de un hombre.
Al usar el símbolo primero con el código usual y después con el opuesto, Shaw demuestra que ejercemos un poder considerable sobre el orden cultural y simbólico que heredamos. No adquirimos simplemente un código a lo cual no podemos agregar más que variaciones, sino que podemos invertir el código. Shaw puede hacer que uno de sus héroes llame a la heroína una "boa constrictora" aunque una serpiente sea supuestamente un pene. Por lo tanto necesitamos una manera más sutil de pensar sobre nuestras relaciones con nuestro acuario cultural. El hecho de saber cómo funcionan los músculos de nuestras piernas no nos indica cómo las usamos para llegar donde queremos estar. La identidad nos proporciona una manera de indagar en este sentido más amplio de simbolismo como una dialéctica entre el pasado y el futuro , la regresión y la progresión, lo consciente y lo inconsciente, el signo y el significado, el sí mismo y el otro.
Podemos leer el sueño de Freud de la mesa redonda de comensales como una función de su identidad. Cuando Shaw escribió en opuestos, se puede decir que lo hizo como alguna función de su identidad. ¿Cuál es esa función? Podemos explorarla mejor dentro de una situación más circunscrita que la de las vidas de tan grandes simbolizadores como eran Shaw o Freud. Podemos enfocar a dos lectores que están leyendo.
eran dos estudiantes de literatura que estaban leyendo cuentos cortos para mí como parte de una investigación sobre la recepción literaria (y a quienes he descrito antes [1975a]. No conozco mejor muestra hecha a medida para ver las maneras como adaptamos los símbolos que el mundo nos proporciona para nuestras necesidades individuales). Entre los cuentos que leyeron estaba "Una rosa para Emilia" de Faulkner. El narrador, hablando en nombre de los pueblerinos, describe a dos de los principales personajes en los siguientes términos:
Habíamos pensado por mucho tiempo en ellos como en un tableau. Emilia, una figura delgada de blanco en el fondo, el padre, una silueta de piernas abiertas en el primer plano dándole la espalda a ella y agarrando una fusta, los dos enmarcados por la puerta de la casa abierta de par en par.
El pasaje es bastante directo, y contiene algunos símbolos "freudianos" como la fusta fálica o la puerta vaginal y la casa uterina. Mientras Sam y Sandra hablaban de este pasaje, sin embargo, me daba cuenta de que lo habían transformado (por un proceso parecido al que fuera graficado en la página 91) a través de sus propios deseos inconscientes.
Sam, vivaz, sin apuro y de buen carácter, indicó que el tableau era prácticamente la primera cosa sobre la cual quería hablar: "El padre era muy dominante. Una de las imágenes más impactantes [sic] del libro era la del pueblo observando por las puertas al padre parado allí con una fusta en la mano, los pies separados de manera que entre ellos a través de él se ve un cuadro de Emilia de pie al fondo. Eso resume bastante bien el tipo de relación que existía entre ellos". Sam enfatizaba el dominio del padre y al hacerlo, colocaba al pueblo de manera que pudiera ver a Emilia entre las piernas del padre. Emilia se convirtió en una mera pertenencia del padre, la misma pertenencia que lo hacía masculino.
No obstante, este cuadro formaba parte de lo que Sam consideraba como sumamente romántico en Emilia, "¡Qué fragilidad y femineidad evoca aquello!" suspiraba. Nada más que aquella frágil "figura delgada de blanco",... Sin embargo, casi al mismo tiempo en que imaginaba a esta Emilia tan indefensa, lograba decir, "La palabra `tableau' es importante. Aunque ellos [los pueblerinos] puedan estar envidiosos y aunque se enojen por la manera que esta gente se comporta, sin embargo parece que lo necesitan, en cierta forma les gusta así, tal como uno se aterra frente al poder de un dios, al mismo tiempo que lo necesita tanto. Y usted sabe, uno se acerca de soslayo, tímidamente y le rinde homenaje. Y de la misma manera, creo que Emilia adquiere la misma función que un símbolo de Dios de este tipo". Una curiosa vuelta desde la fragilidad y femineidad hacia un "él" de poder semejante al divino.
A Sandra este cuento le agradó intensamente, lo había leído varias veces, y hasta escribió un trabajo sobre él durante su primer año en la universidad. Sin embargo recordada el tableau con bastante vacilación: "Dijeron que siempre tenían en mente esta escena de él, de pie, usted sabe, sentado en la puerta con un látigo en la mano". En cuanto a Emilia
La veo como muy joven y vestida de blanco y de pie-creo que debe estar de pie detrás del padre, quien probablemente se vería muy enojado, digamos, si alguien viniera a visitarla. Sin duda, ella tendría algp de Posiblemente temerosa, pero probablemente más apesadumbrada porque le estén, digamos, robando algo en ese momento... Habría una gran carga de tensión en su rostro debido a su incapacidad de hacer otra cosa que mirar.
En otras palabras, en sus diferentes lecturas del cuento, en las resimbolizaciones que del mismo hacen Sam y Sandra, lo moldean como una función de sus identidades. Aun cuando ven y dicen casi lo mismo, le dan un toque personal. La frase de Sandra, por ejemplo, "con un látigo en la mano" suena menos poderosa y brutal que la de Sam "con una fusta en sus manos".
Al interpretar sus lecturas, yo tengo la ventaja de conocer las respuestas de ellos a las pruebas de Rorschach, TAT y COPE, y también conozco sus lecturas de otros diez cuentos cortos además de un gran número de comentarios incidentales que me capacitan para leer sus identidades como temas-y-variaciones.
Sam, del modo en que leo su personalidad, vacilaba entre ser masculino y femenino, activo y pasivo, fuerte y débil. Quería ser indefenso para poder acercarse e identificarse con fuentes de amor y admiración las cuales lo confirmarían como un macho fuerte y seguro. Al contrario, huiría de un poder maculino que le parecíera demasiado amenazante. Por eso, al recrear el tableau para sí mismo, compuso una perspectiva en la cual se identificó con los pueblerinos, y vio una Emilia pequeña, frágil, ubicada debajo o entre las piernas del padre dominante. A su vez, consideraba que ambos, Grierson y Emilia poseían poderes casi divinos, hacia los cuales los pueblerinos tenían que acercarse tímidamente. Yo creo que Sam percibe el tableau a través de una defensa preferida; o sea, se relaciona con una fuente de poder masculino amenazante identificándose con ella. Gratificó este deseo infantil de recibir el poder al pintar a los pueblerinos como acercándose tímidamente a los señoriales Griersons. Al mismo tiempo, sin embargo, afirmó su propia separación y seguridad interponiendo la puerta entre los espectadores y la fusta de Grierson.
Al leer el tableau, Sam enfatizó la distinción entre lo masculino y lo femenino. Procuraba el poder, especialmente el poder masculino. "El padre era muy dominante". La imagen era "impactante", "Uno se aterra frente al poder de un dios, al mismo tiempo que lo necesita tanto, y... se le acerca de lado tímidamente".
Vi la necesidad que Sam tenía de confirmar la masculinidad física en lo que dijo acercar del padre de Emilia en otros momentos de la entrevista. "Ella vivía bajo la autoridad de su padre. El padre tomaba las decisiones. El padre mantenía el orden de las cosas. El padre de ella era el líder, miembro del consejo municipal, [no así en el texto de Faulkner]... una figura masculina muy fuerte en la vida de ella, y ella estaba totalmente dominada por esa figura [sic]". Como si Grierson no fuera ya lo suficientemente fuerte, Sam lo eligió para el consejo municipal [no lo hizo Faulkner]. Lo convirtió en un "ello" dominante, y en un "miembro" que mantenía las cosas en orden. Emilia está por "debajo de" él, y Sam la convierte en un emblema de "fragilidad y femineidad". Y en otros momentos de la entrevista la llamó "la señora encantadora".
En mi interpretación de Sandra, según las pruebas de personalidad y por sus comentarios sobre cuentos y otras cosas, ella pensaba evitar las situaciones de privación y buscaba las fuentes de alimento y fuerza con las cuales ella podía hacer intercambio y fusionarse. Al hacer esto ella utilizó la visión o la falta de ella como el modo sensorial primario (al contrario de Sam quien utilizó la cercanía y la distancia). Donde Sam hablaba del tableau como "imagen", Sandra dijo "Ellos dijeron que siempre tuvieron ese cuadro...". Al convertir la figura parada en una sentada y con "una mirada muy enojada" ella trató de disminuir al señor Grierson hasta llegar a una fuerza manejable. Seguramente era una manera delicada de referirse a un padre que según Faulkner, está "agarrando una fusta". Emilia estaría "de pie", "luego tendría cierta fuerza, más que miedo", pero "le están ........ robando algo". El modo de expresar la angustia de ella, y la de Sandra, es a través de la vista: "Había bastante tensión en su cara debido a la incapacidad de hacer nada salvo mirar". Eso sería lo peor para alguien con la estructura de personalidad que tiene Sandra: tener que observarse a si misma en el momento en que le privan de una fuente de fuerza o de apoyo.
Evidentemente, creo yo, Sam y Sandra están trabajando con el cuento más activamente que cualquier noción de un significado fijo o de un código simbólico, o de una lectura "correcta" pudiera permitir. Por ejemplo, en este cuento, Faulkner se refiere a un Coronel Sartoris-"él que engendró el edicto dice que ninguna mujer negra debería aparecer en la calle sin delantal". ¡Le nom du père con venganza! Cuando le pregunté a Sam qué pensaba de eso, dijo:
Detesto, detesto decirlo. Me gusta. Es terrible. Es lo peor. Quiero decir , no es terrible que me guste. Es terrible que ese tipo de situación pudiera haber existido jamás. Es inhumano. Trata al negro como un animal. El negro no es animal. Pero no puedo resistir el encanto de la ingenuidad, de la falta total de preocupación en la cual uno se encuentra al ocupar una posición de tal poderío.
Más tarde, reconoció un placer, aún más sádico: "Reaccionó con un tipo de sonrisa que dice algo como `Oh, aquellos eran los buenos tiempos' cuando leo eso de delantal en la calle". Es interesante que otros lectores del cuento dijeran cosas parecidas, con el fin (creo yo) de intentar acallar la horrible crueldad. Sin embargo, para Sam, aquel latigazo, o el edicto, o los deseos de estar (en sus frases predilectas ) "encima", "en aquella posición", "en una posición de tal poderío", todas estas frases le permiten saborear los placeres del dominio masculino en las formas más crueles.
Sandra usó otra estrategia. Redujo el edicto. "Sonreí un poco, estoy segura que sardónicamente, porque es un magnífico toque de humor irónico. Creo que esa fue la intención de Faulkner, y pienso en la voz del cuento como con esa intención. Lo está proclamando. 'El que engendró el edicto'. Utiliza esos términos heroicos para describir una extensión de la hipocresía tan obvia y despreciable". Después de haber construido al narrador como una figura sabia y estimulante en otras observaciones, dijo "Casi sonreía por la forma en que el [narrador] lo dijo porque fue un perfecto socavamiento del heroico Coronel Sartoris". (Yo pienso que el "socavamiento" de alguien que "engendró" representa su manera de debilitarlo como hombre específicamente). "Si ésta es-como él la singulariza-su obra de legislatura más importante, ¡es bastante buena!" y Sandra se rió a carcajadas. Nuevamente ella había reducido una fuente de poder y fuerza amenazante (el "heroico" Sartoris) a un tamaño seguro.
Sandra era una persona intensamente visual. Yo la consideraba como alguien en un mundo desconocido, procurando constantemente un flujo de fuerza, una fuerza de alimentación que pudiera igualar lo más viejo y lo más joven, lo más fuerte y lo más débil, lo masculino y lo femenino. Si se encontraba con ese tipo de fuente, quería verla de más cerca, tocarla, hasta sumergir su identidad en ella. En cambio, si se encontraba con algún extremo, debilidad o fuerza superior, deseaba no verlo. Si yo tuviera que formular aquel tema en una sola frase, sería la siguiente: Ver y acercarse más y más a una fuente de poder y alimentación, pero no ver su pérdida.
Sam tendía a refugiarse en una aislada masculinidad pueril o a procurar la admiración mutua que lo llevaba a identificarse pasivamente con una figura masculina o asexual más fuerte. Si yo tuviera que formular un tema para él, sería el siguiente: absorber o sacar lo necesario para quedar como hombre. Es decir, quería escapar de lo que ponía en peligro su masculinidad y quería absorber amor y admiración en su cuerpo.
En muchos sentidos era como Sandra. Los dos se preocupaban del poder, especialmente del poder masculino, y tendían a enfrentar sus temores a ser sobrepasados, evitándolos física o visualmente. Si yo estuviera usando un lenguaje psicoanalítico anterior, una caracterología basada en la fantasía y la defensa (véase pp. 160-64), diría que ambos eran tipos fálicos con una defensa preferida de negación. De hecho, sus observaciones están llenas de anticuados símbolos fálicos. Sin embargo, respondieron en forma muy diferente; tanto fue así que aún una caracterología muy buena (como la fantasía y la defensa) no explica la diferencia en sus lecturas. Sin embargo, al usar estos temas de identidad, podemos articular diferentes aspectos de sus respuestas como funciones de su identidad.
Consideremos la manera en que cada uno leyó al personaje Bugs en el cuento "El Peleador", de Hemingway. Una noche un joven, holgazaneando por el país, se acerca a una fogata cerca de los rieles del ferrocarril. La fogata pertenece a Ad, un ex-campeón de box en busca de pelea, y a Bugs, un vagabundo negro, que atiende a Ad en sus vagabundeos, como un escudero atendería a un caballero. Mientras Bugs prepara los huevos con jamón, Ad se torna más y más irracional y enrabiado con el joven, a tal punto que, para protegerlo, Bugs tiene que dejar a Ad inconsciente con el laque que guarda precisamente para este tipo de situaciones. Mientras el peleador esta inconsciente, Bugs le da un sandwich al joven e insiste en que se vaya antes de que el peleador despierte.
Confrontada con este personaje que cocina huevos pero golpea al amigo, Sandra se concentra en el hecho de que él da comida. "Probablemente es el personaje más simpático del cuento", dijo ella. "Grande, delicado y servicial". "Es todo suavidad. Aún cuando golpea al amigo en la cabeza, lo hace lo más suavemente posible". "Una de esas personas generosas a quien es difícil no querer". "Tienes la sensación de que él podría dirigir una habitación llena de gente y darle suficiente atención a cada uno, hacer que cada uno se sintiera muy especial".
Sam, sin embargo, se centró en el golpe y en un pequeño detalle, que Bugs "le tiró las orejas suavemente" al peleador para revivirlo. Sam dijo, "Bugs fue percibido como el elemento de pesadilla... un poco el diablo de la pesadilla y el tipo tormentoso de la tortura oriental donde [con acento chino]: "Oh, usted muy simpático. Ahora voy a rajarle las orejas...' ". "Una persona detipo Fu Manchú, algo cortés, pero mezclado con inclemencia, de quien nunca sabes qué puedes esperar". "Este tipo de tortura exquisita, terriblemente cortés, que para mí es más aterradora". "Donde eres un poco indefenso frente a la cortesía del enemigo y sin embargo hay algo detrás de la cortesía que no puedes tratar hasta que salga a la luz, hasta que lo veas, y tienes que reaccionar solamente frente a su faz, que es cortesía".
Solamente por medio de estas observaciones, puedo percibir a Sam y Sandra ubicándose con Bugs sobre dos de los más grandes ejes de la experiencia humana. Sandra lo está ubicando fuera de sí misma-"El"-pero está también asumiendo algunos aspectos de Bugs para sí misma: "Tienes la sensación," queriendo decir yo, tú, todos nosotros. Similarmente, según las palabras de Sam "Bugs fue percibido como...", yo siento que Sam aleja a Bugs al mirar tan sólo "su faz", pero también se convierte en Bugs al imitar un acento chino. Ambos, Sam y Sandra, se ubican vis-à vis de Bugs en el eje entre el yo y el otro.
Sandra habla de su aprecio por Bugs "en el cuento", en su inmediatez y secuencia. Al considerar a Bugs como "una de esas personas generosas", sin embargo, lo inserta en un marco más permanente de sus creencias y experiencias. Sam, de igual forma, trató con el Bugs inmediato, el tirador de orejas, pero también lo puso en un ambiente más atemporal, "este tipo de tortura cortés," referiéndose a novelas y películas sobre los orientales. Tal como Sandra, él colocó a Bugs entre lo inmediato y lo permanente.
Estos dos continuos, entre interior y exterior, entre lo temporal y lo atemporal, proporcionan ángulos desde donde enfocar cómo Sam y Sandra simbolizaron a Bugs de maneras distintas y sin embargo similares. No obstante, pienso que uno puede convertir estos ejes de tiempo y espacio en formas más sicológicas de explorar las relaciones diferentes que tenían Sam y Sandra con Bugs.
Para ser más preciso, puedo verlos a cada uno acercándose a este nuevo trozo del mundo, el cuento, esperando poder tratarlo como ellos acostumbraban tratar otros trozos del mundo y otros cuentos. Para responder positivamente a algo, como un cuento corto por ejemplo, necesitamos poder recrear a partir de ello nuestras estrategias características para enfrentar la realidad, para lograr los placeres que deseamos del mundo y para vencer los peligros que tememos.
Aquí Sandra esperaba una fuente de alimento o poder y lo encontró en Bugs, el cocinero de huevos. Su placer característico consistía en acercarse a tal fuente, siempre que no fuera demasiado fuerte, y ella fue capaz de hacerlo con este cuento. Midió a Bugs, y lo encontró "suave", "servicial", "hospitalario" y "generoso". No lo encontró débil (como algunos críticos) ni demasiado fuerte como lo encontró Sam, sino una fuerza equilibrada. "Si hay alguien que tiene realmente control, es Bugs, el que puede pegarle por detrás en la cabeza y puede despertarlo. El realmente tiene control" pero aún así "del modo más suave posible". En efecto, pudo encontrar en Bugs su modo característico de defensa o de adaptación : haciendo coincidir y equilibrando una fuente de alimento y poder con su propia fuerza.
Cuando se había identificado con sus defensas, ella podía infundir en el cuento una fantasía placentera. Podía imaginar a Bugs como una especie de Mozos podría "manejar una pieza llena de gente y hacer que cada uno se sintiera muy especial", un emblema de "verdadera hospitalidad... que pocas personas realmente tienen". "Muchas personas pueden llevarte a la casa y tirarte una enorme cantidad de comida. [Pero la hospitalidad de Bugs es] muy distinta de la mera entretención de la gente, y trasciende, creo, todos los tipos de relaciones diferentes". Efectivamente, al haber identificado sus expectativas en el personaje, al haber recreado sus defensas a través de él, ella pudo proyectar una fantasía de hospitalidad en Bugs.
Sam tuvo una experiencia bien distinta. Llegó al cuento con la idea de que Bugs tendría algo que ver con su propia masculinidad. Sam percibió ese algo como una amenaza. Por lo tanto, ignoró al Bugs proveedor-de-comida y se concentró en Bugs golpeador, en quien encontró un torturador, "inclemente", "terrible", y delante del cual se sintió "indefenso". (En otros contextos, para Sam la masculinidad significaba ser activo, erguido, y encima de las cosas). Al haber percibido esta amenaza, Sam intentó enfrentarla con sus defensas características. Se salvó del peligro a través del alejamiento de Bugs. Lo convirtió en alguien irreal, un "elemento de pesadilla", "el diablo de la pesadilla", no un negro norteamericano, sino un "Fu Manchú" lejano y ficticio. Sin embargo, pareciera que necesitaba aun más defensa y comenzó a incorporar a Bugs en sí mismo cuando introduce el frente social. (Incidentalmene, una de las formas en que Sam trataba de ganar la admiración de la gente era a través de sus buenos modales y vestimenta). "La cortesía", decía, "Tienes que reaccionar sólo frente a su faz, que es la cortesía", pero "hay algo detrás de la cortesía con lo cual no puedes tratar...". Siento las defensas de Sam diciendo, "Incorpora una parte de Bugs y libérate del resto que no puedes manejar", pero su defensa no funcionó totalmente. Se quedó con la sensación, como lo expresó, "Tú nunca sabes lo que puedes esperar". Finalmente, incorporó para sí mismo a Fu Manchú y a una víctima y (hasta con acento chino) se imaginó rasgando las orejas de su víctima.
En contraste, Sandra había igualado sus defensas y adaptaciones. Había logrado que Bugs fuera justamente la cantidad precisa de poder y nutrimento. De esta forma ella pudo ampliar los deseos o la fantasía que ella llevaba a la totalidad del cuento: "Después de la sensación de soledad... ese acercamiento a la luz es como una sensación de bien, promesa, quizás alivio. Pero también es una sensación extraña, porque siempre hay el elemento de lo desconocido, es sabes, ¿qué tipo de persona es? ¿Es alguien que tendría gusto en ofrecerte un poco de calor con quizás algo de comida? ¿O es alguien... que lo habría atacado inmediatamente?" Felizmente para Sandra era alguien con comida: "Después de haber sufrido la sensación anterior de soledad, de dolor físico, el joven empezó a desarrollar la sensación de hambre. ¡Y fue muy, muy bien descrito, como la manera en que él estaba observándolo mientras cocinaba algo tan rico, y exactamente la manera en que se describía todo mientras hacía el sandwich y cuán delicioso sabía todo!" Sandra había encontrado la fuente equilibrada de poder y nutrimento que ella buscaba, y estaba satisfaciendo los deseos asociados a esa fuente.
Cumplidas o no las expectativas, igualadas o no las defensas, gozada la fantasía placenteramente (o evitada dolorosamente), un lector puede jugar con un cuarto principio. Sandra pudo "darle sentido" al cuento. Usó las defensas con las cuales se había identificado en la obra para transformar la fantasía que había proyectado en ella, en pos de alguna coherencia estética, ética, intelectual o social.
Sandra se refirió al cuento como totalidad en la siguiente forma: "Algo como esto, en el sentido más aislado, probablemente evoca cualquier momento en que usted haya sido.... molestado o atacado, cuando... la otra persona huyó o no estaba al alcance... por cualquier motivo, que, digamos, que la persona era una autoridad... Cualquier momento en el cual usted fue derribado y no pudo pararse y seguir luchando por sus propios medios, verbal o físicamente". Ahora bien, en un nivel intelectual, Sandra recreó su identidad de la misma manera que cualquiera de nosotros convierte un texto literario en una unidad, lo compara con otras obras, lo asocia, aplica su conocimiento o su capacidad de experto para evaluarlo, lo ubica dentro de una tradición, lo decodifica-en breve, compromete una o todas las estrategias características que usamos para transformar las ensoñaciones crudas en algo respetable y significativo.
Sam fue más explicítamente intelectual: el cuento "muestra [al joven] Nick alejándose de su casa y saliendo al encuentro del mundo grande y ancho". "Demuestra lo que Nick tiene que realizar, el simbolismo de permanecer en los rieles del tren, con el pantano en ambos lados del ferrocarril, bien despejado y pavimentado, lo que le facilitó la marcha...., Nick tiene que permanecer allí para alcanzar la meta... En el cuento, él se desvía y va adquiriendo una especie de educación". Aun en las declaraciones abstractas del tema, puedo detectar las identidades de estos lectores en las palabras que utilizan. Sam habla de las movidas de un hombre joven para enfrentar y evitar amenazas. Sandra contrasta el hecho de ser sobrepasada con un intercambio equitativo de fuerzas.
Un clásico estudio psicológico realizado en los momentos más tensos de la Guerra Fría muestra cómo un grupo de Bostonianos comunes formaban sus opiniones acerca de Rusia. Según los autores, "Encontramos en cada hombre un esfuerzo para hacer del mundo algo congruente con o que apoyara su estilo de vida-dentro de los límites impuestos por los requerimentos de minimizar la sorpresa, ya que el contacto con la realidad tiene que permanecer pied à terre" (Smith, Bruner and White, 1956). Cada hombre simbolizaba a Rusia de manera que ésta cupiera dentro de la economía de su propia personalidad. En efecto, estamos viendo que Sam y Sandra hacen lo mismo con estos cuentos cortos (y hay menos necesidad de adecuar los cuentos a la realidad que adecuar Rusia a ella). Sam y Sandra han resimbolizado los cuentos de Faulkner y Hemingway para poder re-crear sus propias identidades.
En muchas de las recientes publicaciones europeas sobre textos (estoy pensando en el filósofo Jacques Derrida y el semiótico Umberto Eco), se acostumbra a hablar del texto como la parte activa de la combinación de texto y persona como si solamente Rusia diera forma a las opiniones que sobre Rusia tenían los bostonianos. Se podría decir, por ejemplo, que este cuento "valoriza" una sentido general de la educación mediante la "alteridad", a través de: la oscuridad de la escena, lo extraño de Ad y Bugs, y el peligro de Ad. Sin embargo, también se podría decir que el cuento "subvierte" esta alteridad por medio de varias sugerencias de que la pose dura de Nick es simplemente una versión infantil de la ferocidad de Ad.
Considero que esto es un alucinante conjunto de metáforas con las cuales se puede señalizar la manera en que las personas crean los textos y los textos crean a las personas. Sin embargo, personalmente, y esto es verdaderamente parte de mi identidad, me siento incómodo con términos figurativos que enmascaran la actividad humana. Yo quiero saber lo que la gente está haciendo en cualquier transacción. De ahí que, viendo personas y textos creándose mutuamente, donde otros hablan del texto,. yo prefiero hablar de la persona. También creo, con todo candor, que un modelo que activa a la persona nos permite comprender más plenamente los actos de leer, escuchar y hablar que un modelo que activa el texto. De ahí que yo insista en la evidencia de Sam y de Sandra.
Sam y Sandra nos muestran cómo podemos usar estos cuatro aspectos de sus identidades para explorar el espacio entre ellos y el cuento de Hemingway: sus expectativas, defensas, fantasías, transformaciones características. Si mezclamos esos términos un poco, podemos formar una sigla muy conveniente: defensa, expectativa, fantasía, transformación, d-e-f-t, DEFT. DEFT es un camino para explorar lo que la gente hace en el "espacio potencial" de Winnicott o en la "intersubjetividad" de los filósofos. Podemos preguntarnos cómo Sam y Sandra DEFTaron el cuento de Hemingway.
Aún más, este proceso de DEFTación corresponde a dos continuos inherentes a toda experiencia humana, el de situar un evento entre sí mismo y el otro y entre el ahora y el más allá-de-ahora. Se puede considerar la "expectativa " de Sam como una forma de preguntarse: ¿Cómo encaja lo que está leyendo con las inmediatas secuencias antes-y-después de su experiencia, su ahora? Recíprocamente, "la transformación" me permite preguntar cómo Sam está encajando este cuento con los temas que tienen significado más allá del aquí y ahora inmediatos o el antes y después. Luego, con la "expectativa" y la "transformación" estamos indagando sobre la relación entre la experiencia de Sam dentro de una secuencia de tiempo y sus esfuerzos por trascender el tiempo. De la misma manera, "fantasía" y "defensa" llegan a interrelacionarse en el eje entre sí mismo y el otro. La "fantasía" pregunta ¿Qué es lo que proyecta Sandra en el mundo? La "defensa" pregunta: ¿Qué es lo que Sandra admite dentro de sí desde el mundo? La DEFTación nos provee una manera de ubicar "la intersubjetividad" y "el espacio potencial" en el tiempo y en el espacio.
En un ensayo famoso Lionel Trilling demostró que Freud consideró la poesía como un atributo natural de la mente humana. "Los mecanismos del arte-los mecanismos más extremos de la poesía, por ejemplo-no son peculiares a la mente del artista, sino que son característicos de la mente misma" (1950, p. 177). Estoy sugeriendo que podríamos invertir la percepción de Trilling mediante esta teoría de DEFTación. Las actividades de la mente son artísticas en sí. El diagrama en la página 91, que comenzó como una manera de describir el soñar despierto, los sueños nocturnos, o la creatividad, realmente describe Todo pensamiento humano. Todos estamos involucrados todo el tiempo en aquel proceso de regresión del presente al pasado y proyección hacia el futuro; expectativa, defensa, fantasía, transformación, y nuevamente expectativa .
Cuando Jones y Freud limitaron los símbolos a "lo" inconsciente, presupusieron la existencia de una mente consciente libre de simbolismos, una mente que podía penetrar a través del disfraz simbólico. Como lo han indicado Ricoeur, Barthes, Todorov y otros pensadores franceses, esto supone la existencia de una "cognición de grado cero", un modo de pensar libre de simbolismo, desde el cual se interpretan los símbolos. La perspectiva más amplia de Freud y de los analistas posteriores sugiere lo contrario: que el simbolismo es a la vez consciente e inconsciente, en todo momento parte de nuestra relación con el mundo que nos rodea. Sam y Sandra lo demuestran, por lo menos en cuanto al ambiente simbólico de los cuentos cortos.
El simbolismo, tanto personal como cultural es el medio por el cual establecemos nuestras relaciones con un otro. Es decir, en el acto de simbolizar, fusionamos símbolo y simbolizado y así los sí mismos y otro, tal como Sam y Sandra, cada uno de su propia manera, llegaron a ser Bugs, precisamente para poder reconocer la alteridad de Bugs, la Bugs-idad esencial que no era Sam-idad ni Sandra-idad. Los símbolos son relaciones y las relaciones son simbólicas. Mediante los símbolos y la simbolización podemos crear una dialéctica entre lo interior y lo exterior, una interacción entre unión y desunión.
En el acto de simbolizar (el acto de DEFTación, diría yo, por ser un término más detallado), deshacemos los límites para poder descubrirlos y al descubrir los límites los creamos de nuevo. Al imaginar a Bugs como una amenaza, Sam encontró una fantasía que funcionó para sí mismo, una imagen de un torturador oriental, y esta idea generó un nuevo conjunto de posibilidades y asociaciones ya conocidas quizás a Ming, el Despiadado de la serie de historietas de Flash Gordon, "mezclándose con despiadados"). De alguna manera, el símbolo, por sí mismo, había respondido al descubrimiento de Sam.
El proceso de vivir consiste en este continuo crecimiento de una sensación de dualidad, el yo-idad del yo y la alteridad del otro. Sin embargo, esta misma dualidad surge de estados recurrentes de unicidad. Para ser dos, tenemos que habernos sentido como uno con un otro, o por lo menos, que esa relación fue una posibilidad.
Tenemos que haber sentido unicidad para transformar el mundo en parte de nosotros-uno con nosotros. Cribamos el mundo heterogéneo de experiencias simbólicas que nos rodean; lo editamos, con el fin de crear un mundo interior más homogéneo, más congenial (con, de acuerdo a; el genio, espíritu), un mundo en el que podemos vivir y sobre el cual podemos actuar. Cribamos el mundo de experiencias simbólicas con el fin de agregar a nosotros mismos realidades que nos son congeniales, y en el acto de cribar, nuestro genio, nuestra identidad en sí misma, es, a la vez, desafiada y cambiada y es capaz de aceptar lo nuevo. De esta manera, la DEFTación puede modelar el mismo acto de crecimiento o adaptación humana.
El psicoanalista Joseph Smith expresa la idea elegantemente:
Cada acto de nombrar, cada instancia de diferenciar un aspecto del mundo, también nomina y diferencia al que nombra. La mayor parte de este conocimiento se organiza tácitamente, mientras la atención consciente permanece enfocada a los objetos de necesidad, interés o peligro que se encuentran afuera en el mundo. Apenas se percibe el hecho de que haya ocurrido la ruptura de una unidad previa. Sólo ocasionalmente se vislumbra el hecho de que se están mutuamente constituyendo un mundo y un sí mismo, como cuando, al reconocer el agua, Helen Keller se reconoció y llegó a ser, de alguna manera nueva, Helen Keller (1978, p. xxvii).
De la misma manera que la pez-idad consiste parcialmente en vivir en el agua, también una parte de nuestra human-idad consiste en vivir en un mundo de símbolos. El mar participa en la formación del pez, mientras que los peces también hacen que el mar sea mar. Por lo tanto, de igual modo somos creados por la cultura y los códigos que nos rodean; sin embargo, nosotros creamos lo que nos crea. Los cuatro términos de la DEFTación nos permiten explorar ( a través de nuestros propios símbolos) los símbolos entre los cuales nadamos y la manera en que creamos aquellos símbolos.
De hecho, la DEFTación sugiere que vivimos en una versión psicológica de nuestra adaptación básica como mamíferos. La temperatura del cuerpo de un pez sencillamente es igual a la del agua. Sin embargo, nosotros hemos evolucionado más allá de los animales de sangre fría. Creamos dentro de nuestros cuerpos, en nuestra sangre, el mismo mar tibio y nutritivo que el pez encuentra afuera. Fisiológicamente, creamos un ambiente interior. Psicológicamente, creamos un ambiente interior de símbolos. Luego, vivimos en una tensión delicada entre nuestros mundos de símbolos interior y exterior.
Somos seres humanos activos precisamente porque hay una diferencia entre el mundo exterior heterogéneo, constantemente cambiante, y el interior, más homogéneo y más constante. Al actuar aceptamos aquella diferencia, por ejemplo la separación y la ausencia registradas por el lenguaje, que empero tratamos de eliminar a través de la DEFTación. Tratamos de convertir la ausencia en presencia. Fracasamos necesariamente y está bien que así sea , ya que sin aquella ausencia o diferencia dejaríamos de actuar. Vivimos en una retroalimentación o deconstrucción que requiere la diferenciación para que podamos (intentar pero no lograr exitosamente) convertir lo diferente en lo que es lo mismo. Veremos en los próximos capítulos que la retroalimentación es importante para comprender nuestra relación con los símbolos. El calefactor calienta la sala de estar, pero también es verdad que la sala de estar apaga el calefactor. Hablar de solamente una de estas relaciones excluye parte de la transacción, ya que ninguna de estas afirmaciones toma en cuenta el termostato o la persona que lo acomodó al gusto de una sola persona. De igual modo, la cultura nos crea y nosotros creamos la cultura, pero ninguna de estas declaraciones por sí sola capta la relación dinámica entre las dos.
Creamos un ambiente de símbolos humanos y culturales dentro de nosotros, pero también creamos dentro de nosotros nuestra propia variación especial de ese mundo, igual como creamos fisiológicamente un mar interior dentro del cual nuestros pulmones y corazón pueden cumplir sus funciones. Nuestros mares son genéricamente humanos, pero variados para ser específicamente nuestros. Para comprender cómo esto puede ser, tenemos que explorar la manera en que incorporamos los símbolos desde afuera hacia dentro de nosotros mismos. Tenemos que percibir la percepción.
"Es el pie de un pato" dijo Iiro del primer "dibujo" que hizo Winnicott. "Eso me tomó completamente por sorpresa" escribió Winnicott, "y era inmediatamente obvio que él quería comunicarse conmigo sobre el tema de su incapacidad", o sea, sus propios pies y manos palmípedos. E Iiro continuó empleando el pato que había percibido como capaz de simbolizar no sólo los dedos palmípedos, sino a sí mismo como un niño que podía nadar, pero no podía tocar cornetas y flautas.
Consideremos un sueño de Freud de cuatro palabras, uno de sus informes más cortos, aunque esa brevedad no le impidió mencionarlo tres veces (1900 a, 4:232, 1913h, 13:194, 1916-17, 15:94). "Una mañana en pleno verano, cuando estaba alojando en un hotel tirolés, desperté consciente que había soñado que el Papa había muerto".
No podía explicar el sueño, salvo que recordaba haber leído en un diario, poco antes, que el Papa se sentía levemente indispuesto. Sin embargo, antes de mediodía, Martha, la esposa de Freud, le preguntó, "¿escuchaste el ruido horrible de las campanas esta mañana?" Freud respondió que no-y se dio cuenta que esa era la explicación de su sueño. "Había sido una reacción debido a mi necesidad de dormir con el mismo ruido con que los tiroleses píos habían estado tratando de despertarme. Me había vengado de ellos al inferir lo que formaba el contenido del sueño. Y entonces había continuado durmiendo sin prestar más atención al ruido." Evidentemente, él había escuchado las campanas (ya que soñó con ellas), pero el sueño de la muerte de Pio X le había permitido seguir durmiendo contento. Su necesidad controló su percepción. En verdad, de acuerdo a las propias teorías de Freud, los sueños son los guardianes del dormir. Si tienen éxito, siempre sirven para desviar los estímulos que pueden despertar al soñador.
La percepción de Iiro pareciera comprobar el viejo dicho "la gente ve lo que quiere ver". Al seguir durmiendo a pesar de los campanazos, Freud está agregando "la gente oye lo que quiere oir". Tales dichos, sin embargo, se han convertido en más que psicología popular, porque los psicológos del siglo XX han comprobado una y otra vez que las percepciones siguen a la motivación.
Sin embargo, Freud había heredado una idea más antigua de la percepción. Entre sus teorías, Freud utilizó un concepto del siglo XIX que un analista (Schimek, 1975) apodó "percepción inmaculada". O sea, Freud definió ojo y oído dentro de un sistema Pcpt. (la percepción), una parte del ego. El sistema Pcpt entrega una copia fiel del mundo a otro sistema Cs. (estado de consciencia), que podría entonces, y sólo entonces, distorsionar la percepción original en respuesta a las presiones inconscientes: "Todas las percepciones que se reciben desde afuera (senso-percepciones) y desde adentro-lo que llamamos sensaciones y sentimientos-son Cs desde el comienzo", escribió Freud (1923b, 19:19).
No obstante, cuando escribía clínicamente, reconoció que la percepción no es un asunto tan simple. Hablaba, por ejemplo, de la manera como los sueños podían controlar las percepciones, como ocurrió en su propio sueño que el Papa estaba muerto.
La transferencia también depende de las percepciones alteradas del paciente. Los pacientes atribuyen a sus analistas nuevas versiones de viejos impulsos, utilizando al médico para representar de alguna persona del pasado, a menudo un padre amado o temido. Por ejemplo,un analista, que estaba quedando calvo, me conversó sobre un paciente que insistía en hablar de su pelo rojo y ralo como la larga cabellera café de Sanson. Efectivamente, al hacer que el paciente se recline sobre un diván donde no puede ver al analista, la técnica psicoanalítica fomenta deliberadamente la subversión de la idea manifiesta que el paciente tiene del analista, por medio de necesidades y sentimientos latentes. Luego, el analista puede utilizar las manifestaciones de lo visto y lo oído por el paciente como puntos de partida, para descubrir los sentimientos más profundos, menos conscientes, que colorean y matizan sus percepciones.
Freud sabía de la transferencia desde l882, cuando su colega Breuer contó del horrible descubrimiento de que su paciente Anna O. se había enamorado de él. Sin embargo, Freud no hizo extensivo ese concepto a las percepciones. Creo que necesitaba, característicamente, la sensación de estar fundado firmemente en la realidad. Quizás es por eso que, en la mayoría de sus aseveraciones teóricas (contrariamente a las clínicas), insistía en que nuestros ojos y oídos copian fielmente el mundo real en nuestras mentes. Pero no en todo.
La proyección hacia afuera de percepciones internas es un mecanismo primitivo, al cual, por ejemplo, están sujetas nuestras percepciones sensoriales. Y por lo tanto, este mecanismo normalmente juega un papel muy importante en determinar la forma que asume nuestro mundo externo. Bajo condiciones cuya naturaleza todavía no ha sido lo suficientemente establecida , se pueden proyectar hacia afuera las percepciones internas de procesos emocionales y de pensamiento de la misma manera como las percepciones; se emplean así en la construcción del mundo externo... (1912-13, 13:64).
En un comentario, Murray Schwartz me escribió, a modo de comentario, que Freud "claramente reconoce la activa función constructiva de la proyección en la creación del mundo externo, al cual denomina generalmente como `la realidad', pero infelizmente también termina la última frase citada con las palabras... `aunque deberían por derecho propio permanecer como parte del mundo interno' ". Schwartz continuó diciendo que Freud "esta juzgando `debería') o negando su propia intuición, en vez de construir sobre ella. Pese a ello, la intuición permanece".
De modo parecido, en un pasaje notable de su ensayo tardío, "testamentario", "Analisis Terminable e Interminable", Freud alcanzó una idea psicoanalítica poderosa sobre la percepción:
El aparato psíquico no tolera el dis-placer; tiene que desviarlo, a toda costa, y si la percepción de la realidad ocasiona dis-placer, hay que sacrificar aquella percepción-es decir, la verdad.
Los mecanismos de defensa cumplen con el propósito de mantenernos alejados de los peligros. Su éxito es indiscutible; y es dudoso que el ego pudiera prescindir de ellos totalmente durante el desarrollo. Pero también es cierto que ellos mismos pueden convertirse en peligros. A veces ocurre que el ego ha pagado un precio demasiado alto por los servicios que le entregan.
Estos mecanismos no son abandonados después de haber ayudado al ego durante los años difíciles de su desarrollo... Se convierten en las formas habituales de reaccionar del carácter de la persona, las cuales se repiten toda la vida cuando ocurre una situación parecida a la original... El ego del adulto, con su fuerza incrementada, sigue defendiéndose contra los peligros que ya no existen en la realidad; en efecto, se encuentra con la compulsión de buscar justamente aquellas situaciones en la realidad que pudieran servir de sustituto aproximado del peligro original, para poder justificar, frente a ellas, la mantención de las formas habituales de reaccionar (1937c, pp. 237-238, el énfasis es mío).
Esa última frase me parece coincidir con las DEFTaciones que hemos visto en las percepciones de Dr. Vicent y de los demás. Para confrontar al mundo, necesitamos verlo como algo que podemos confrontar. Como un médico en China, Vincent buscó en la medicina un dominio como defensa contra una dependencia que Vincent, el adulto, ya no tenía que temer, una relación de la niñez ya alejada en el espacio y el tiempo. De modo parecido, Sam y Sandra dieron forma al cuento de Faulkner a través de sus defensas características para evitar los peligros, en circunstancias que los cuentos no pueden presentar peligro alguno.
En general, nuestras defensas forman parte de nuestro carácter. Por lo tanto, las defensas también forman parte de nuestro estilo perceptivo y cognitivo, aunque los peligros reales que dan origen a aquellas defensas están enterrados en nuestra niñez. Freud está diciendo que buscamos sustitutos para los peligros originales que iniciaron las defensas, para poder mantener las defensas activas y nuestro carácter intacto. Eso me parece ser una descripción asombrosamente verdadera de algunas de las tendencias auto-destructivas más dolorosas que los seres humanos tenemos.
También me parece que Freud está describiendo una teoría de la percepción que puede ser fácilmente desarrollada como la que sugiero en este capítulo. La identidad (las defensas características) gobierna la percepción. Al hacer esto, anticipa sorprendemente la moderna
Específicamente, él anticipa la "nueva imagen en la teoría perceptual" que surgió durante la década de 1950. Cuando revisé la literatura científica sobre la percepción, encontré que un grupo importante de psicólogos ha llegado a una unanimidad virtual en nuestro siglo sobre la idea de que las personas perciben constructivamente. Hay un desacuerdo considerable en cuanto a los detalles particulares de aquella transacción, pero dentro de esa escuela, todos concuerdan que vemos tanto con el cerebro como con el ojo. Es decir, traemos conceptos que gobiernan lo que llega a nuestros ojos y oídos para que no puedan sencillamente copiar aspectos del mundo real en nuestros cerebros.
Pensemos en cómo oímos un idioma que no sabemos. Las palabras parecen juntarse en un flujo indistinguible de sílabas. Pero cuando escuchamos un idioma que sabemos, hasta en un cocktail muy concurrido, lo oímos como palabras separadas y distintas. Tal vez, la fiesta es tan ruidosa que no podemos oir todo, quizás ni siquiera frases coherentes. No obstante, oímos en palabras, no en meros sonidos. Oímos a través de los constructos que ya teníamos (Bergson, 1896, p. 136).
Otro ejemplo: si estoy en la estación de ferrocarriles, y veo de reojo que el tren junto al mío empieza a moverse, tengo la sensación momentánea y sorpresiva de que el mío está retrocediendo. Estoy interpretando lo que veo y oigo a través de una de aquellas adivinaciones básicas que la gente provee a la percepción del movimiento: el entorno está quieto y el objeto rodeado es lo que se mueve-mi tren, en vez del otro que forma parte del trasfondo de mi visión. Entonces corrijo mi lectura cuando mi visión central demuestra que mi tren no se mueve (Wallach, 1959, pp. 310-14).
Aunque se trata de percepciones muy especializadas, el estudio de las llamadas ilusiones ópticas nos entrega ejemplos bastante decidores de la teoría perceptual constructiva. Los cubos trasparentes parecen darse vuelta al revés espontáneamente. Tramos de escaleras invierten su sentido de hacia arriba a hacia abajo. La imagen de un florero se conviere en dos perfiles que se miran, y de repente retoma la forma de florero. Después de mirar fijamente una mancha roja, miramos una pared gris y vemos una mancha verde. Ampolletas intermitentes sobre la marquesina de un teatro dan la impresión de flechas en movimiento. Puntas de flechas en los extremos de líneas iguales hacen que una parezca más larga.
"Cuando las ilusiones perceptuales fueron introducidas como objeto de estudio en el siglo XIX", dice un experimentador, Paul Kolers, "la actitud prevalente hacia ellas era que eran... imperfecciones menores o errores en el funcionamiento del aparato perceptivo del hombre." De ahí que se llamaban ilusiones pero "La noción de error... hacía inferir que hay un "mundo real" entregado fielmente por los sentidos. Pocos investigadores contemporáneos mantienen esta opinión. En vez de considerar las ilusiones como errores en la percepción, las consideran como percepciones genuinas que no pueden mantenerse cuando sus implicaciones son sometidas a prueba" (1964, p. 316).
Richard Gregory, otro psicológo perceptual, dice, "Es como si el cerebro entretuviera hipótesis alternas de los objetos que la imagen del ojo presenta. Cuando los datos sensoriales son inadecuados... el cerebro nunca `se decide' " (1968, p. 241). Al contrario, los cubos parecen invertirse una y otra vez, los colores aparecen y desaparecen, los floreros y perfiles se alternan. Pero no son los objetos los que cambian-después de todo, ellos están fijos-es el cerebro que agita incansablemente entre las hipótesis inconsistentes acerca de aquellos objetos.
Usted puede probar el rol del cerebro si puede encontrar la "figura de Rubin " (a menudo reproducida en libros de psicología), un dibujo lineal que se ve o como un florero o como dos perfiles, y su percepción generalmente alternará entre esas dos interpretaciones. Sin embargo, usted puede "vencer" la ilusión. Imagínese que dos personas están presionando la nariz contra un florero, y "verá" exactamente eso. Debido a que su cerebro ha provisto una hipótesis que admite ambas, usted puede (al menos la mayoría puede) ver la figura tanto como florero como dos perfiles.
Las hipótesis del cerebro interactúan con datos sensoriales en por lo menos dos direcciones: desde afuera hacia adentro y desde arriba hacia abajo. Es decir, percibimos cuando los datos de un objeto pasan al cerebro a través de nuestros órganos sensoriales. Percibimos desde afuera hacia adentro. Sin embargo, también percibimos en la medida en que aplicamos los esquemas de nuestro cerebro a aquellos datos. En ese sentido, percibimos desde adentro hacia afuera.
Al mismo tiempo, tenemos que ajustar aquellos datos a los varios niveles en los cuales opera nuestra mente. Ocasionalmente, operamos en el nivel de sensación pura o con continuidades, flujos, o invariables; como lo expresa la metáfora familiar, percibimos en un nivel "bajo." Uno podría acercarse a la pantalla del televisor, por ejemplo, para ver los puntos de colores. No obstante, la mayor parte del tiempo, nuestra mente opera el procesamiento de los datos sensoriales en un nivel "alto" de objetos completos o hasta de abstracciones complicadas o ideales impersonales. No vemos la TV como puntos sino como un "vaso de cerveza" o un "autopatrulla." Los psicológos hablan de la percepción "desde arriba hacia abajo" o la percepción "conducida por hipótesis," en contraste con las percepciones que son "conducidas por estímulos", los cuales surgen desde abajo hacia arriba.
En la teoría constructivista, el cerebro percibe, en cualquier momento dado, desde afuera hacia adentro y desde adentro hacia afuera y desde abajo hacia arriba y desde arriba hacia abajo de la misma manera que DEFTamos a lo largo de ejes entre sí mismo y otro y entre el flujo de la experiencia y temas más duraderos. ¿Podemos, entonces, interrelacionar estas direcciones de interior-exterior y abajo-arriba? Creo que lo podemos hacer si usamos uno de los grandes descubrimientos tecnológicos del siglo veinte:
Gregory Bateson, igual que muchos otros, sugiere que podemos modelar cibernéticamente esta interacción alto-bajo, dentro-fuera, es decir, a través de sistemas de retroalimentación. En general, "retroalimentación" significa una transacción en la cual alguien o algo prueba algún aspecto del ambiente y, como resultado de lo que encuentra, se modifica. Por ejemplo, Bateson se refiere al acto de cortar un árbol. "Cada golpe del hacha se modifica o se corrige de acuerdo a la forma de la cara cortada del árbol, dejada por el golpe anterior". Operamos dentro de una circuito completo de retroalimentación: árbol-ojos-cerebro-músculos, hacha-golpe-árbol (1972, pp. 317-18).
Se dice que Herbert Simon es el único psicólogo que ganó el premio Nobel (disfrazándose de economista). Simon usa la retroalimentacion como axioma básico: "Frente a un estado de circunstancias deseable y un estado de circunstancias existente, la tarea de un organismo adaptable es descubrir la diferencia entre los dos estados y, entonces, descubrir el proceso correlativo que borre esa diferencia". Con tal modelo, la vida humana se convierte por dentro en el procesamiento de información, y por fuera en una búsqueda a través de las comparaciones-"grandes espacios combinatorios" (1969, pp. 112 y 54).
Piense en manejar. Si veo que el camino delante de mí vira hacia la derecha, giro el volante hacia la derecha. Lo hago de manera que pueda seguir viendo que el tapabarros delantero derecho se mantenga a la misma distancia del lado derecho del camino como antes. Si veo que el tapabarros derecho se acerca demasiado a la berma, giro el volante hacia la izquierda. En mi cabeza estoy procesando información sobre la posición presente y futura de la rueda delantera derecha del auto, de la berma del camino, y del volante. En general, mi conducta con el volante controla mi percepción de la distancia entre el lado derecho delantero y la berma del camino.
Se podría diagramar tal circuito de retroalimentación de la siguiente manera:

El circuito tiene que tener tres elementos. Primero, un extremo conductual que actúa sobre lo que entra: mis manos que giran el volante. Segundo, un comparador, como mi ojo y mi cerebro que van sintiendo la distancia entre la rueda derecha y la berma. Esa comparación, mi visión, se convierte en el extremo perceptivo que controla el extremo conductual. Tercero, y éste es el ítem crucial, que frecuentemente se deja fuera, una norma o señal referente que está por encima de y no está controlado por ese circuito-como la necesidad mía de mantenerme a un metro de distancia de la berma. Este es el "esquema" que aplico cuando manejo. Esto es lo que determina si la posición del auto "es la correcta" para mí.
Los psicológos del cerebro confirman este modelo y la importancia de la norma, aunque sean "teleológicos".
El estudio objetivo de organismos vivos claramente demuestra que efectivamente tienen metas y que emprenden acciones que aseguran la supervivencia.Encontramos ahora que cada organismo contiene sistemas que incorporan literalmente puntos fijos o normas de referencia. Los mecanismos de control operan para garantizar que la acción sea dirigida para mantener esas normas... (Young, 1978, p. 17).
El dibujo de retroalimentación también admite la presencia de varios estímulos con o sin propósitos que interrumpan el equilibrio establecido por el circuito de conductor, auto y camino. Una señal de tránsito que dice "Fin de la vía derecha", sería un estímulo con propósito. Más fortuitamente, el camino podría ofrecer un viraje, o tener un fuerte viento,o tener un hoyo que pudiera torcer las ruedas delanteras. Los estímulos serían los mismos para todos, pero las respuestas serán individuales (en velocidad de reacción, por ejemplo, o grado o forma de un viraje). Desde fuera del circuito, estos estímulos cambian lo que entra en la comparación, y tengo que reubicar el auto. Manejo para reubicar la rueda derecha a la distancia de la berma derecha del camino que me parece adecuada a mí. La conducta es el control de la percepción (Powers, 1973a, vea también 1973b, 1978).
Es curioso que sea exactamente así como Freud define un deseo en el último capítulo metasicológico de La interpretación de los sueños, como controlando la percepción. Un deseo procura volver a crear la percepción de una satisfacción (1920 a, 5:565-66). De acuerdo al "principio de placer", toda nuestra conducta en estado de vigilia tiene el propósito de gratificar un deseo-en oposición a nuestros sueños, donde meramente alucinamos nuestros placeres. No obstante, sea como sea, un deseo iguala a un deseo de una cierta percepción. Para Freud, tanto como para el especialista en computación, la conducta controla la percepción.
A pesar de la terminología electrónica y de alta tecnología, este modelo de retroalimentación es profundamente psicoanalítico. Durante toda la vida, Freud utilizó como modelo de los procesos psicológicos la homeostasis, el esfuerzo del organismo de regresar a un estado "normal" de equilibrio. Y la homeostasis es simplemente una retroalimencación a través de enzimas, hormonas y otros procesos bioquímicos. Por cierto el primer gran esfuerzo psicológico de Freud en 1895, Proyecto para una psicología científica, incluye dibujos de procesos autocorrectivos que se parecen mucho a los diagramas de retroalimentación, aunque el concepto de retroalimentación claramente no estaba a su disposición para modelar sus ideas.
Jonathan Miller señala que los descubrimientos científicos y de ingeniería de cualquier época no solo son útiles en sí mismos, sino que son valiosos debido a los modelos que nos proveen para otros procesos. Las fuentes renacentistas sirvieron como modelos de la circulación de la sangre, igual como hoy día usamos el radar y torrecillas automáticas de armas para modelar los movimientos de brazos y piernas (1978, pp. 284 y 4-7). No hay nada raro, entonces, en nuestro uso de la retroalimentación como un marco para las percepciones del psicoanálisis. Francamente, creo que el psicoanálisis habría logrado más progreso científico y más aceleradamente, si Freud hubiese tenido a su disposición las metáforas de amplificación eléctrica y retroalimentación, en vez de los modelos hidráulicos a los cuales tuvo que recurrir.
Aún más, un circuito de retroalimentación que combina el estímulo y la respuesta, lo individual y lo compartido, sirve como una metáfora útil para otros tipos de psicología, además del psicoanálisis. Particularmente, nos permite articular la larga línea de investigación en psicología de la percepción, cognición y memoria que demuestra que vemos, oímos, sabemos y recordamos activamente.
Muchísimos experimentos sobre percepción han llevado a estos psicólogos a la conclusión de que todos los seres humanos perciben contrastando un suceso con constructos internos, quizás rasgos de la memoria determinados parcialmente por objetos previamente sentidos, y parcialmente por la personalidad del perceptor (Noton y Stark, 1971, p. 219). Al generar y probar las hipótesis frente a la realidad delante de uno, se perciben no solamente fenómenos familiares como la verticalidad, sino ilusiones ópticas, habitaciones sesgadas y todo el saco de engaños que tiene el psicólogo perceptual, (Witkin 1959; Ittelson y Kilpatrick, 1951). Lo mismo sucede con la propaganda y los medios de comunicación masiva: los medios no son pistolas que disparen balas mágicas de contenido hacia su audiencia. Más bien, los comunicadores envían señales, y los receptores eligen entre ellas, utilizándolas como pueden y desean (Schramm, 1973). Aún a los nueve meses, los niños ya han empezado a pensar de esta manera, formulando hipótesis con las cuales asimilan el mundo que los rodea (Kagan, 1972).
Las cosas no nos invaden por sí mismas. Nosotros imponemos esquemas a las cosas para asimilarlas a nuestras mentes. Nos extendemos para ver, oír, saber o recordar, empleando nuestras capacidades innatas de ver, oír, saber o recordar. Por lo tanto, esta imagen de la retroalimentación de un sí mismo que utiliza habilidades innatas ("alambradas") para retroalimentar hacia un equilibrio interno, corresponde bastante útilmente a lo que nos dicen los psicológlos cognitivos. Presumiblemente todo funciona junto en circuitos intricados de retroalimentación a diferentes niveles: lo de adentro hacia afuera, lo de afuera hacia dentro, lo de abajo hacia arriba y lo de arriba hacia abajo.
De manera parecida, los estudios de Jean Piaget sobre el desarrollo intelectual y moral de los niños lo llevaron a proponer la existencia de un circuito a corto plazo dentro del cual interiorizamos un objeto externo a través de un esquema interno (asimilación), y de un circuito a largo plazo dentro del cual ajustamos aquel esquema lentamente para satisfacer los requerimentos del objeto (acomodación). Los primeros esquemas son innatos, pero de ellos procede una interacción cíclica que atraviesa todas las etapas de la niñez hacia la inteligencia, moral, etc. del adulto (1970). Chomsky va más allá, al asegurar que nuestras estructuras cognitivas son heredadas y su desarrollo es programado, igual que lo son los miembros y los órganos de nuestro cuerpo. Por lo menos es así en cuanto al lenguaje, y probablemente lo es para otras partes de nuestra maquinaria perceptual (1975).
Da lo mismo, entonces, si estamos de acuerdo con Piaget o con Chomsky, o con ambos; algunos de nuestros esquemas perceptuales son innatos, o sea biológicamente definidos. Por ejemplo, solo podemos oler aquellas moléculas que las células receptoras de nuestras narices están capacitadas para recibir. La forma misma de las células actua como un esquema perceptual. Las imágenes retenidas sin movimiento en la retina se disgregan y desaparecen, si no son sometidas a los tres movimientos examinadores del ojo (Pritchard, 1961). El habla también se desintegra sin la alimentación auditiva normal de la voz de uno mismo (Klein, 1970, p. 352). No siento mis calcetines si no pienso en ellos. Evidentemente, para sentir, hablar, o ver tenemos que ser capaces de hacer algo para evocar un esquema y así crear un circuito senso-motor de retroalimentación (Held, 1965). Por lo menos, eso es parte de nuestra biología.
Otra parte de nuestro esquema es cultural. Por ejemplo, usted y yo vivimos en un mundo de ángulos rectos, mientras no es así para los de Zambia. Nosotros vemos una imagen construida de líneas rectas como una perspectiva de una caja. Ellos lo ven apenas como un diseño plano (Deregowski, 1968). Nos informa Colin Turnbull que su guía BaMbute vivía en un bosque donde la distancia más grande que él podía ver era de unos cien metros. Por lo tanto él no podía reconocer a los búfalos pastando a varios kilómetros de distancia. Los llamaba "insectos" y hasta trataba de identificar la especie de insecto que eran. Al acercarse y descubrir que, de hecho, eran búfalos, concluyó que había sido engañado por brujería. En realidad, estaba demostrando que hasta el esquema visual tan básico de correlación entre tamaño y distancia depende de la experiencia cultural (1961: ver también Munroe y Munroe, 1975, Segall et al., 1966, o Lloyd, 1972).
Finalmente, una parte de nuestro esquema corresponde al individuo. Herman Witkin descubrió que la percepción de verticalidad expresa la personalidad del perceptor; tanto es así que hasta se puede inferir características clínicas (1959). Semejantemente, varían mucho los movimientos oculares con los cuales las personas examinan objetos y cuadros. George Klein pudo establecer la relación entre los movimientos oculares con los cuales las personas examinan cuadros y el grado de flexibilidad o limitación de control en sus personalidades totales (1970, p. 185). Noton y Stark concluyen que "cada persona tiene una manera característica de mirar a un objeto que le es familiar" (1971, p. 218).
En resumen, los psicológos experimentales han llegado a tres conclusiones sobre la percepción. Primero, vemos y oímos activamente; nosotros construimos el mundo. Segundo, mezclamos cultura, personalidad y fisiología cuando percibimos activamente. Tercero, el acto de construcción por el cual percibimos, involucra algo como muchos circuitos de retroalimentación anidados uno dentro de otro. Estos circuitos vinculan el sí mismo y el no-sí-mismo y funcionan de acuerdo a una jerarquía desde los detalles sensoriales hasta los aspectos globales de personalidad, fisiología y cultura.
La suma de todo lo anterior significa bastante. Pero infelizmente le falta un elemento crucial, nuestra percepción del lenguaje.
Si usted me dice. "Páseme la sal, por favor" o "Béseme" o "¿qué hora es?" y yo respondo con pasarle el salero, con un beso o con la hora, ningún teórico puede decir definitivamente lo que ha pasado por mi mente. De igual manera, nadie puede decir lo que pasó por mi mente para poder decir hasta el ejemplo língüístico más ridículo, como "the bat is in the bin" (el bate está en el cajón).
Tres figuras principales del área, Fodor, Bever y Garrett, dicen que medio siglo de investigación "sugiere que lo que los sujetos se acuerdan de un texto es una función complicada del texto literal y sus creencias y valores" (1974, p. 273). Sin embargo, salvo este tipo de principio general, no tenemos idea de los mecanismos precisos con los cuales captamos los significados o hacemos conexiones en el lenguaje. "A pesar de la atención experimental que se ha dado últimamente a este problema, se sigue sin consenso sobre casi todos los aspectos del reconocimiento de la oración", aseveran estos psicolingüistas.
No obstante, creo que existe cierto grado de acuerdo sobre lo siguiente: Comprendemos frases como "The bat is in the bin" adivinando cuáles son los sonidos y palabras que seguirán, comparando luego, lo que oímos con nuestras adivinaciones. Para explicar como cómprendemos el habla, en lenguaje más técnico, un modelo constructivista incluiría un sistema en el cual generamos patrones dentro de nosotros para contrastarlos con lo que estamos oyendo o viendo. "De acuerdo a una secuencia flexible o adaptable de instrucciones, se generarían patrones dentro del analista, hasta obtener la mejor adaptación con la señal entregada" (Halle y Stevens, 1964, p. 604). Seguimos probando patrones hasta obtener una adaptación satisfactoria con lo que entra por lo ojos o los oídos. Evidentemente tenemos algún tipo de programa interior para generar patrones de acuerdo a una secuencia que podemos variar de acuerdo al contexto o las adaptaciones que logramos o no logramos obtener.
En otras palabras, la retroalimentación del procesamiento de información. Comprendemos (al menos parcialmente) a través de "una activa sintesis interna de señales de comparación" (idem). Al interpretar las oraciones, nos proyectamos hacia el futuro y adivinamos sobre la totalidad. Oímos de la misma manera que usted lee una línea de este libro. Su ojo se desliza sobre las varias formas y golpes de las letras y salta de palabra en palabra para formar una idea general de lo que usted va a recibir, lo que no corrije hasta que escribo algo inexperado.
Cuando hablamos "coarticulamos" las consonantes y vocales que estallan en sonidos. Cuando escuchamos, tenemos que decodificar esos estallidos en los sonidos individuales del habla. Aun más, el mismo pedazo de sonido es portador de información sobre dos o más segmentos fonéticos sucesivos. Por ejemplo, cuando decimos bat, no hacemos tres sonidos separados, b-a-t. Decimos una sílaba. Si un ingeniero grafica esa sílaba visualmente en un osciloscopio, en cualquier momento dado, la onda puede estar llevando información sobre b o a o t o todas esas letras. Al medirlas físicamente, la b en bat es distinta de la b en boot. Sin embargo oímos ambas como b. De alguna manera, somos capaces de decodificar los estallidos silábicos de sonido en las unidades individuales del habla (Liberman, 1973).
La sílaba entera es la unidad básica del acto de escuchar. Percibimos los sonidos de consonantes y vocales sólamente después de percibir la sílaba entera. Sin embargo, al mismo tiempo, son los sonidos individuales del habla que derivan en significado (bat y no boot). Efectivamente, cuando escuchamos los sonidos del habla, operamos con un principio psicológico básico que es aplicable a toda percepción.
Tendemos a organizar nuestra percepción del mundo en términos del más alto nivel de organización. Vemos una casa, no una pila de tejas y ladrillos. Vemos un camión en vez de una combinación de neumáticos, parachoque, acoplado, etc. Más precisamente, nos planteamos hipótesis al más alto nivel de la organización, y contrastamos esa hipótesis con detalles menores (Bever, 1973).
En esta perspectiva constructivista, las hipótesis de los niveles más altos del cerebro activan los pequeños movimientos físicos del ojo. La casa percibida no es solamente un invento de la mente, ni solamente una revelación de una realidad que existe aparte del perceptor. Más bien, "Objeto y perceptor son carne y hueso de la misma cosa". "La cosa percibida es una parte inseparable de la función de percibir, lo que, a su vez, incluye todos los aspectos del proceso total de vivir", según Ittelson y Kilpatrick (1951). "La visión es una proceso dinámico, que utiliza una serie de incisos o tomas, pero éstas no son tan rígidamente determinadas como en una señal televisiva. Se varían de acuerdo a la naturaleza de la misma escena y la experiencia previa de la persona". "El acto de ver no es representacional sino interpretativo". "El cerebro elige los aspectos de la imagen que combinan con sus hipótesis internas para establecer programas de acción" (Young, 1978, pp. l19 y l23).
Hasta aquí, al hablar de la percepción del lenguaje y de la percepción en general, he estado enfatizando la escuela constructivista, que mantiene la opinión de que percibimos contra los esquemas o los constructos. En años recientes otro grupo fuerte de teóricos ha emergido en torno a la obra de J.J. Gibson. Esta escuela "ecológica" cree en la percepción directa tanto del lenguaje como de las cosas. Una pelota que se acerca hacia usted, una cara que empieza a sonreir o un pito de policía conlleva información. No es información como la que da una telefonista sino información como los ingenieros usan el término: el resultado de haber excluido alternativas. En ese sentido, la página trae información aún antes de que se haya escrito algo en ella, simplemente porque es blanca y no negra. Una pelota de béisbol se caracteriza por tener cierta velocidad y curva, y por lo tanto no es portador de otro tipo de información.
De acuerdo a esta teoría "ecológica" de la percepción, percibo la página o la pelota porque poseo dentro del cerebro y los ojos los sistemas para extraer la información. O sea, puedo distinguir el blanco del negro, o determinar la velocidad y la dirección de la pelota de béisbol. Al aplicar estos sistemas a las palabras The bat is in the bin, se oye la b en bat o en bin a través del proceso de distinguirla de otras consonantes, pero si las sometiéramos a la electrónica para hacer visibles sus ondas, se verían muy distintas.
Desde este punto de vista, la pregunta "¿cómo se comprende una oración?" se convierte en dos preguntas. "Cuál es la información que contiene una oración dada? y ¿qué sistemas poseemos para procesarla?" (Gibson, 1977; Shaw y Bransford, 1977). La forma anterior del enfoque ecológico, "la teoría adaptiva de la percepción", se concentró en la primera de estas preguntas. La información está simplemente "allí" y no hay que procesarla, sólo recogerla. Las más recientes teorías de la percepción del tipo "procesamiento de datos" se concentran en ambos de estos asuntos, pero más en el segundo. ¿Cuáles son los sistemas que tenemos para, digamos, penetrar dentro del mundo del lenguaje o de las sensaciones y extraer la información que un organismo como nosotros considera útil?
Ambas versiones de esta escuela "ecológica" insertan a nuestras percepciones del lenguaje y del mundo dentro de un marco mayor: ¿Cómo cabe económicamente esta percepción de información dentro de lo que este organismo hace o necesita en este momento? No es siempre útil toda información a todo organismo. Lo que puede entender un mono no es necesariamente útil a una jirafa. Nosotros los humanos adaptamos nuestros sistemas para procesar la información que nos es relevante (Verbrugge, 1977). Cuando me oyen decir una oración como ejemplo lingüístico, The Bat is in the bin, es importante que oigan la diferencia entre an i as in in and an o as in on, pero para propósitos lingüísticos, no importa si la oración se dice rápida o lentamente, en voz alta o despacio, o con la voz de una mujer o de un hombre.
Dentro de la teoría constructivista, o sea, análisis a través de la síntesis, trataríamos a nuestras percepciones de lenguaje (o del mundo) como retroalimentación. Se reconocería las características de la b en bin consonantes confirmándo las ondas de los sonidos plosivos con las referencias internas para los sonidos plosivos de b o p o t, contrastándolos con las referencias internas para consonantes tales como v o d. Oirían la oración completa-"The bat is in the bin"-al contrastarla con el programa interno que cada uno tiene para juntar sonidos separados en palabras y para juntar palabras en oraciones (Halle y Stevens, 1964).
Aunque los psicólogos que mantienen estos puntos de vistas constructivistas o ecológicos o de procesamiento de datos tienden a discutir ferozmente sobre matices, me parece que comparten un fundamento importante. De acuerdo a mi lectura de ellos, ninguno de los tres sugiere que un mero estímulo-sea una palabra o un sonido-sea lo que cause una respuesta dada. Los tres involucran una especie de retroalimentación o dialéctica entre la realidad y algo relativamente fijo dentro de nosotros (un sistema para el procesamiento de la información, un signo referencial, o una necesidad ecológica). Hasta ese punto, todos consideran la percepción del lenguaje y de las cosas como una doble vía, aunque la teoría ecológica da más importancia a la distinción entre sujeto y objeto que yo le daría. No obstante, aún dentro de la escuela ecológica, se puede admitir:
El acto de conocer es en sí mismo el proceso que reside ni enteramente dentro del sujeto... ni enteramente dentro del mundo como causa o estímulo; más bien, en cuanto a concepto ecológico, se para como un Coloso de Rodes mitológico, abarcando los dominios físicos y psicológicos, un pie firmemente puesto en cada ribera (Shaw y Bransford, 1977, p. l0).
Sin embargo, la teoría de percepción de lenguaje más completamente desarrollada proviene no de los psicológos, sino de los lingüistas y los psicolingüistas que trabajan con el pensamiento de Noam Chomsky. (Una excelente introducción es el libro de Lyons de 1977). Chomsky desarrolló la idea de una gramática como un sistema de reglas para generar las oraciones correctas (y solamente las correctas) de una lengua, en el mismo sentido de que todas las reglas aritméticas "generarán" nada más que el saldo correcto en la chequera. Es cierto que alguien tiene que realizar la "generación", pero las reglas en sí son independientes de ese alguien. Son una compleja mezcla de universales lingüísticos comunes a todas las lenguas y a la gramática de una lengua particular como el inglés.
Con esta idea de la gramática como un sistema de reglas que generan oraciones, uno puede generar algunas preguntas muy básicas sobre la oración ("the bat is in the bin") y tener la esperanza de poder contestarlas. ¿Cómo es que puedo producir cuantas oraciones nuevas se me plazcan? ¿Cómo puedo interpretar una infinidad de oraciones que nunca antes hubiera oído? De hecho, lo pueden hacer niños de seis años o aún más jóvenes. ¿Cómo aprendieron a hacerlo tan rápidamente? No es posible contestar tales preguntas con una noción de lenguaje como la conductivista de estímulo-respuesta, o con una lista de lo que todos ya han dicho en inglés, o con un diccionario de signos con significados fijos-por ejemplo, con los significantes vinculados a los referentes, como en las teorías de Saussure.
De acuerdo a la "teoría standard" de Chomsky, cada oración en una lengua natural como el inglés tiene una estructura profunda y una estructura superficial. Lo que realmente se oye en "The bat is in the bin" corresponde a la superficie. La estructura profunda puede incluir cosas como "frase nominal" "frase verbal" o "frase preposicional" que no tiene significado (contenido semántico), ni ninguna referencia específica a un bate que está en un cajón.
Igual que Freud, Chomsky ha revisado y refinado sus estructuras teóricas continuamente en torno a un cuerpo de datos que básicamente no ha cambiado, haciéndolo a veces de maneras que van más allá de sus seguidores. Sin embargo, ha mantenido una proposición básica. Se puede, con nada más que criterio lingüístico, declarar que una oración está bien o mal formada. Por lo tanto, Chomsky mismo no dice que su propia gramática para "generar" oraciones corresponde a algo que realmente suceda en nuestras cabezas; no corresponde más que las leyes de la aritmética corresponde a la manera que yo sé inmediatamente, sin calcular, que cinco más dos son siete.
No obstante, a los psicólogos y los psicolingüistas (por definición) les gustaría descubrir, a través de un análisis puramente formal, lo que hacen nuestras mentes al hablar, oír, leer o escribir. La evidencia sugiere que los análisis abstractos, casi matemáticos de Chomsky, corresponden un poco a nuestros procesos de pensamiento, pero solamente un poco. Hay "divergencias entre gramáticas y reconocedores". Además, los investigadores no han podido demostrar que lo que aprenden los aprendices de lenguas, como los niños, es una gramática transformacional (Fodor, Bever, Garrett, 1974). El criterio lingüístico de Chomsky pareciera corresponder a alguna realidad psicológica, pero todavía nadie ha podido demostrar exactamente cuál.
La antítesis más fuerte que surge de la obra de Chomsky enfoca precisamente ese punto. Dicen los que se llaman torpemente "semánticos generativistas" que Chomsky se equivocó al suponer que se pudiera hablar coherentemente sobre sintaxis sin tomar en cuenta el significado y el uso (Lakoff, 1974). Por lo tanto, los semánticos generativistas buscan maneras de "generar" no solo oraciones sino también contextos y significados. Al hacer esto, confrontan de cabeza los problemas básicos de los lingüístas. A la mayoría de los lingüistas les gustaría poder discutir los principios que rigen el lenguaje solamente en relación al lenguaje. Les gustaría ignorar toda consideración del mundo real y considerar las preguntas sobre lenguaje como si se pudiera contestarlas completamente en términos de los principios formales que gobiernan el lenguaje. Sin embargo ¿es eso posible?
Me gustan las manzanas.
La frase no menciona comer, pero todos sabemos que no significa que el emisor mantiene una amistad con camuesas y las manzanas Mackintosh.
El policía levantó la mano y paró el auto.¿Policía fuerte? No. Nosotros insertamos el conductor que vio al policía y frenó (mis ejemplos vienen de Schank y Abelson, 1977, p. 9). En general, tenemos que usar lo que sabemos del mundo para interpretar las frases.
Aún más, nuestro conocimiento del mundo real establece relaciones que parecen ser puramente lingüísticas. Por ejemplo, la siguiente frase es ambigua, supuestamente si se basa solamente en términos lingüísticos "Se ordenó que los auto-patrullas parasen los bocinazos despues de las 2". La estructura superficial podría originarse en dos distintas estructuras subyacentes: "[Alguien] ordenó a los autos patrullas que detuviesen [a quien estuviese] tocando la bocina después de las 2 de la mañana". "[Alguien] ordenó a los auto patrullas [que estuviesen] tocando la bocina después de las dos de la manaña que dejasen de tocarla".
Sin embargo no es ambiguo decir "Se ordenó a los elefantes que parasen los barritazos después de las 2 de la mañana". Hay una ambigüedad lingüística. Es decir, la frase superficial sobre los elefantes podría haberse originado en dos estructuras subyacentes diferentes como las de la frase sobre los auto-patrullas. Pero como los elefantes no pueden impedir los barritazos de otros seres (un poco de conocimiento marginal y útil sobre el mundo real), no percibo ninguna ambigüedad en la frase sobre elefantes. La ambigüedad, entonces, está parcialmente relacionada con el lenguaje y parcialmente relacionada con la experiencia.
La falta de confusión de mi parte involucra otra perplejidad. Aparentemente, la distinción entre seres inanimados y animados es parte de todas las gramáticas, un universal lingüístico. No obstante, en estas dos frases, acepto la idea de que los auto-patrullas inanimados pueden impartir órdenes, pero los elefantes animados no lo pueden hacer.
Consideremos este par de frases:
1. Elena es la viuda de Manny.
*2. Manny es el viudo de Elena.
Como Robin Lakoff ha señalado, para comprender lo inaceptable de la segunda frase, se necesita saber que los papeles sexuales dominan la categorización de las mujeres en nuestra sociedad pero no de los hombres (1973). En resumen, "Es imposible determinar donde el conocimiento lingüístico para y el conocimiento extralingüístico comienza a actuar" (Jackendoff, 1972, p. 19).
Dentro de este marco general, veo cierto consenso entre los lingüistas y los psicolingüistas en 1984. Es cierto que nadie sabe exactamente lo que hacemos cuando reconocemos una frase, y nadie ha descubierto una realidad psicológica que corresponde a las estructuras gramaticales. Sin embargo, la mayoría de los que estudian la manera que percibimos el lenguaje concuerdan que generamos algo--quizás una frase, quizás una frase además de lo que sabemos sobre el tópico, quizás solamente una parte de una frase, o un conjunto de marcadores de la frase (como "frase sustantiva nominal", "frase verbal"), quizás nada más que el ritmo de la que sentimos en cierto tipo de frase--pero generamos algo parecido a una frase para comprender la frase de otra persona. Ese algo puede incluir los principios del lenguaje o del mundo, y aquellos principios fundamentan nuestra interpretación del lenguaje desde-arriba-hacia-abajo.
En base a eso, Frank Smith pudo escribir en 1971 una explicación coherente y convincente de lo que hacemos a nivel de la frase cuando leemos, y George Dillon pudo desarrollar aún más esos mismos principios en 1978. Nosotros "predecimos" nuestro camino por el libro. Proyectamos alternativas más allá de nuestros ojos y después eliminamos alternativas hasta llegar a una interpretación única Eliminamos algunas muy rápidamente, como si fuera con anticipación, porque el inglés (o cualquier otra lengua natural) repite la información. "The bat is in the bin." Después de in, apenas he visto o escuchado the, puedo suponer que hay un sustantivo no muy lejos. Sin duda, una vez que he visto in puedo estar suficientemente seguro que vendrán un artículo y un sustantivo. De este modo, al llegar a bin, ya he tenido dos pistas que me hacen esperar un sustantivo y más específicamente, un sustantivo que calce con in-bin o basket (canasto), y no, por ejemplo, binge (farra) o basketball. Esta redundancia de lenguajes naturales nos permite eliminar muchas de las alternativas rápidamente. Entonces, al cruzar nuestros ojos la página, estos adquieren la suficiente información visual para eliminar las alternativas restantes-para separar bin de bun (pan) o ban (prohibir).
En otras palabras, el hecho de haber leído "in the" me permite proyectar una hipótesis que dijera "sustantivo en el cual una cosa pudiera estar contenida". El texto me da bin, y eso calza con mi hipótesis. La oración tiene sentido. Si me hubiera rescatado "binge", lo que es gramaticalmente posible pero carente de sentido en términos de mi conocimiento del mundo real, mi cerebro hubiera devuelto mis ojos a esa mayúscula que comenzó esa oración tan extraña, y habría comenzado de nuevo, como saltando hacia atrás en una oración en alemán, una vez captado el verbo al final de ésta. El proyectar una hipótesis y luego comparar el retorno que uno obtiene de esa hipótesis con que fue requerido: esto es, por supuesto, un proceso de retroalimentación. Al respecto, nuestra percepción del lenguaje es como nuestra precepción de cualquiera otra cosa.
En este tipo de procesamiento del lenguaje en dos etapas de retroalimentación, el cerebro tiene un rol mucho mayor que el del ojo-al menos con lectores fluidos. El ojo traga bloques de información, pero para hacerlo, el cerebro debe decirle cuándo ha absorbido toda la información que puede procesar en la memoria a corto plazo.
La memoria a corto plazo puede procesar entre 5 y 7 ítems a la vez, pero (curiosamente) éstos pueden ser letras, sílabas, sonidos, palabras o ideas, dependiendo de la fluidez del lector. La capacidad de su memoria a corto plazo no depende de la cantidad total de información que usted almacena, sino del número de unidades en las que su cerebro puede agrupar la información (Bever, 1973). Un lector fluido lleva 5 ideas, mientras que un lector principiante puede llevar 5 palabras o letras. De este modo, para lograr una velocidad útil en la lectura, debemos ser capaces de hacer que el cerebro y el ojo trabajen juntos, utilizando conocimiento previo y habilidad para conformar unidades procesables a partir de todo este conglomerado que perciben nuestros ojos. Estas unidades podrán ser mapas, estructuras, o esquemas-de acuerdo con las diversas escuelas de psicología perceptual-pero son esas mediante las cuales nosotros vemos.
Una vez que nuestra memoria a corto plazo ha alcanzado su capacidad con 5 ó 6 unidades, el cerebro reduce enormemente la capacidad de visión del ojo (como si uno disminuyera la claridad de imagen de un televisor). Manda al ojo como en un salto (o técnicamente un saccade) al lugar siguiente en la página, donde el cerebro cree que será útil procesar información (Smith 1971, pp 82, 104). Supuestamente, cerebro y oído trabajan juntos de una forma parecida cuando oímos el lenguaje, con la importante diferencia de que no podemos "oír por adelantado" tan activamente en el flujo de habla como podemos mirar hacia adelante en una página escrita.
Según Smith, la forma en que percibimos una página-sin lugar a dudas, "la forma en que percibimos el mundo depende del modo en que categorizamos la información entrante, no de las características de la información entrante en sí solamente" (p. 74; Dillon, 1978). De este modo (dice un grupo que estudia la cognición), "Se necesita mucho más que el conocimiento de las palabras para comprender una oración: Debe existir un conocimiento general del mundo también". "Para entender una oración, combinamos el conocimiento general del mundo con el conocimiento de la estructura del lenguaje y el significado de las partes de la oración" (Norman et al., 1975). Por ejemplo, sabemos que los elefantes barritan ("honk") pero no son capaces de entender ni pueden dar órdenes, mientras que puede decirse que un auto-patrulla hace ambas cosas cuando toca la bocina ("honks").
En general, entonces, el conocimiento del lenguaje implica un proceso dual, activo, una especie de análisis-por-síntesis, de modo que, como dice Smith: "Cualquiera sea el significado, este debe ser definido en relación a un oyente o a un lector" (p. 35). Los psicológos-incluso este grupo experimental muy duro-nos devuelven al Yo elusivo. En otras palabras,
van juntas.
No podemos estar seguros acerca de los detalles del modo en que comprendemos el lenguaje, pero estamos bastante seguros de los esquemas generales del proceso. Percibimos las palabras, como percibimos el mundo, mediante un proceso activo de análisis y sintesis. La percepción involucra tanto las acciones de nivel bajo, o casi reflejas del ojo u oído, y los procesos más sofisticados que el cerebro es capaz de realizar. En las acciones automáticas de nuestros sentidos, ocupamos nuestra fisiología. En los procesos superiores del cerebro ocupamos nuestro acondicionamiento cultural. Y, en algún punto dentro de todo eso, transformamos una percepción en una experiencia personal, individual.
Las percepciones de Sam y Sandra respecto al cuento de Faulkner funcionaron del mismo modo que sus simbolizaciones. Sandra dudó respecto a si el padre de Emily estuviese parado o sentado (la palabra "spraddled" permite esa ambiguedad). Sam ubicó a Mr. Grierson en la puerta junto a Emily, enmarcados ambos por sus piernas, más que enmarcados por la "puerta de entrada abierta de par en par". En una clase dedicada a la lectura exacta de textos literarios, un profesor podría querer establecer acaso que el "spraddled" de Faulkner significase parado o sentado, o si acaso Emily y su padre estuvieran enmarcados por la puerta o por el marco de la puerta. Aquí sin embargo, podemos simplemente notar que las necesidades de Sam y de Sandra rigen no sólo sus simbolizaciones sino también sus percepciones. La duda de Sandra entre "sentado" y "parado" la hace ver al padre de Emily de un tamaño adecuado. El encuadre de Sam hace a la masculinidad reafirmantemente dominante.
De la misma manera, Ernst Lanzer, atrapado con su novia en una tormenta, se sintió obligado a contar entre los relámpagos y los truenos. Eso es, percibió el tiempo entre truenos y relámpagos (no como lo haría yo, como una medida de distancia de la tormenta) sino como una brecha que podría ser peligrosamente penetrada. Tenía que impedir eso. En forma similar vio una piedra en el camino como una fuente potencial de daño, y por tanto algo que debía ser removido. Ambas percepciones crean variaciones de su tema de identidad acerca del control de cosas que entran y salen.
Anne S. percibio el comportamiento de su amante de la siguiente forma:
Cuando me dice algo que a él le fue desagradable... odio a esa cosa o persona por esa razón. Siento que a él no le agradó, y eso la hace terrible. Si él está muy cansado, la fatiga me empieza a invadir... Cuando ríe,... yo estoy llena de alegría.
Una vez más, incluso al nivel de la percepción, Anne construye el efecto de los acontecimientos en su amante de modo de lograr el mismo estado mental en sí misma y de este modo "transformarse en la esencia del otro".
De este modo la defensa, la D en DEFT, se refiere a una idea muy grande: las estrategias para decidir qué puede entrar en la realidad del individuo. La gente ve lo que quiere ver. De un modo más exacto, la gente ve aquello con lo que puede avenirse, de modo de avenirse con ello, tal como Anne ve fusión o Lanzer ve penetraciones peligrosas. Freud anticipó este principio, como hemos visto, no solamente en su ensayo "testamentario" de 1937, sino incluso desde el comienzo, en el proyecto no publicado de 1895 y en La interpretación de los sueños (1900).
La defensa (en DEFT) con la cual uno puede analizar la percepción de una persona, está por tanto íntimamente involucrada con el estilo de ese individuo. Lo mismo ocurre Con fantasía. El individuo construye sobre lo que él ha internalizado para proyectar sobre ese evento una fantasía característica que satisfaga su deseo. La fantasía no está latente en el evento, sino solo los materiales para ella. La gente elabora fantasías. Los cuentos y eventos no. Al percibir el relámpago y el trueno como una brecha que él podía llenar, Ernst Lanzer gratificó ambos lados de su ambivalencia: su deseo de penetrar y ver a su amante herida; su deseo opuesto de protegerla. Sólo al seleccionar los sentimientos de su amante como la parte importante del comportamiento de éste, pudo Anne adquirir estos sentimientos para sí misma y de esta forma gratificar sus profundos deseos de estar unida con una persona cariñosa y amante, del mismo modo que antes ella había querido fusionarse con su madre. Sam percibe a Emily como débil y frágil para poder remover amenazas a su propia virilidad y al contrario para imaginar una fuerte masculinidad por sobre las cosas. Sandra ve a un Bugs que no amenaza, y que verdaderamente ejemplifica hospitalidad. Todos estos movimientos constituyen una combinación DF, negativa y positiva, defensiva y gratificante, dentro de una percepción o simbolización de DEFTación.
De la misma forma, los psicológos experimentales muestran, por ejemplo, que las diferencias en la tendencia de una persona hacia un manejo activo o una sumisión pasiva entrarán en la tarea puramente perceptual de separar un ítem de su contexto (Witkin et al., 1954, p. 489). Un fisiólogo del cerebro, J. Z. Young concluye: "Lo que vemos y oímos es mayoritariamente el resultado de nuestros propios programas de búsqueda" (1978, p. 69).
Lograr que un acto de percepción calce con las defensas características de uno es bastante delicado, pues involucra un ajuste considerable en la puerta entre el sí mismo y la realidad. La segunda fase-la proyección de la fantasía-es mucho más libre precisamente porque la primera ha mantenido las fuentes de ansiedad en un tamaño manejable. El tercer principio, transformación, tiene que ver con el mismo flujo general hacia la gratificación como fantasía. Necesitamos empacar nuestro equipaje intelectual ordenamente, para estar en buena relación con nuestra herencia cultural y nuestros paradigmas intelectuales, para hacer que los eventos sintonicen con nuestra visión personal del mundo-todo hasta el grado que nos sea confortable. Las percepciones que tienen sentido no evocan las ansiedades que las crudas fantasias o deseos podrían evocar. Ellas ayudan a estabilizar nuestro manejo. Por esta razón, todo acto de "darle sentido", sea político, ético, e incluso el más abstruso de tipo científico o filosófico sirve a nuestras necesidades personales. Ningun acto de "darle sentido" es "objetivo", libre de inversión emocional.
Por esta razón Sam lee el cuento de Hemingway como si fuera acerca de la educación de un joven varon. Sandra lo lee como un cuento que trata de la experiencia de ser sometida. Anna S. (después de su análisis) no decide simplemente que quiere estar unida a su madre. Ella generaliza. "El amor real ¿lo hace a uno sentirse como parte del otro?" O desarrolla un tema social: "Las mujeres no deberían tener que trabajar en forma pública por dinero... Deberían tener un hombre que se encargara de eso, pero ellas deberían.. hacer todo lo posible para hacerlo feliz".
Defensa, fantasía y transformación son formas en las cuales cada uno de nosotros conforma un evento para hacerlo una mezca tolerable de lo que nuestra psique común y corriente puede manejar y lo que se siente como extraño o diferente. Así, antes de que cualquiera de las tres empezara a funcionar, hubo un modo primario: la expectativa. Cada uno de nosotros se acerca a una experiencia nueva con un característico conjunto de esperanzas, deseos, miedos y necesidades. Confiamos en que la nueva experiencia nos permitirá representar esta economía de expectativas para otorgarnos placer. Conscientemente, esperamos satisfacción. Inconscientemente, esperamos ser capaces de DEFTar la nueva experiencia desde nuestro modo particular de hacerlo.
Cuando nos sentimos satisfechos por una experiencia, como la percepción de Bugs agradó a Sandra, esa señal nos indica que hemos logrado manejar característicamente algún sistema de igualar defensas, proyectar fantasías y transformar todo en significado. Si no estamos satisfechos, si respondemos a una percepción con culpabilidad, miedo o dolor, esa señal de malestar nos dice que hasta aquí ha fracasado nuestro esfuerzo por encajar un evento con nuestro procesos psíquicos. El suceso nos parece ajeno, como las compulsiones neuróticas de Lanzer o las coerciones políticas de Vincent o la sensación de Anne de que su verdadero yo no estaba involucrado.
Según esto, tratamos de alterar esa respuesta no placentera para acomodarla a nuestra expectativa. Hacemos algo en relación al suceso, o hacemos algo en cuanto a nuestra relación con ese suceso. Podemos incluso borrarlo-no percibirlo-tal como Freud logró no oír las campanas tirolesas, o como Iiro pudo negar su incapacidad para tocar la flauta o hacer trabajo de carpintería.
En todo caso, son nuestras emociones las que monitorean el funcionamiento de estos cuatro aspectos de percepción o simbolización minuto a minuto. Sabemos solo por la forma en que nos sentimos si nuestro ego pueda o no "manejar" algún aspecto de la realidad. La señal emocional que obtengamos depende del circuito completo de expectativa, defensa, fantasía y transformación.
Dentro de esta interacción cuádruple, dos aspectos, la transformación y expectativa, se relacionan de una forma especial, alrededor del tiempo. Minutos significativos de experiencia se construyen sobre instantes de expectativa. Cada movimiento ocular de milésima de segundo que Iiro dio al garrapato de Winnicott estuvo regulado por su expectativa general (una E inconsciente en una DEFTación bastante inconsciente) de que podía interpretar este dibujo como evidencia de que esta nueva persona lo aceptaría tal como era. La teoría psicoanalítica de la identidad se combina por tanto con la teoría de la percepción que los psicólogos experimentales han estado desarrollando.
El psicoanalista mira las percepciones mayores, más personales, más comprometidas con unidades completas, pero la forma de la teoría del psicoanalista tiene la misma forma que la del experimentalista. Lo que han demostrado los experiemntalistas en una gran variedad de contextos es "la percepción nunca es algo seguro, nunca una revelación absoluta de 'lo que es'. Más bien, lo que vemos es una predicción-nuestra propia construcción personal diseñada para darnos la mejor apuesta posible para llevar a cabo nuestros propósitos" (Ittelson y Kilpatrick, 1951, p. 179).
De esta forma, los estudios particulares del psicologo perceptual y la teoría más amplia del psicoanalista llevan a una posición filosófica aun más general: una teoría del conocimiento (más bien como la de Husserl). La gente no es una página en blanco (la tabulae rasae de Locke) en la cual el mundo escribe su mensaje, ni tampoco percibimos el mundo a través de algun acondicionamiento conductivista. Más bien, otorgamos significado. Tú y yo somos centros de libres emisiones de significados que otros comparten y por tanto confirman, o se niegan a compartir y por tanto niegan (Poole, 1972). Recuerdo las confirmaciones o desconfirmaciones y los sentimientos que ellas llevaban, y todos forman la base para nuevas expectativas y nuevas normas para regular los circuitos de retroalimentación de la percepción. Así como la psicología perceptual describe las confirmaciones externas de los significados que yo otorgo, la psicología psicoanalítica describe el modo en que tanto expresan como crean mi identidad.
De este modo, cuando percibimos y simbolizamos, estamos haciendo lo mismo. Para poder ver un caos de áreas y colores como un recipiente, tú y yo necesitamos ser capaces de representarlo como un recipiente. Para representarlo como un recipiente, debemos ser capaces de ver las líneas y texturas que lo componen. Los dos procesos no se contradicen, como pensó Jones, la percepción copiando fielmente el mundo y la simbolización distorsionándola después. Tampoco, ninguna de ellas viene primero. Más bien la percepción y la simbolización funcionan juntas. Vemos y creamos signos en un proceso continuo de retroalimentación y dialéctica. "El cerebro", escribe el fisiólogo Granit, "hace lo que ningún computador puede imitar: al crecer y desarrollarse, crea el mundo que necesita" (1977, p. l28). La capacidad del cerebro para convertir experiencias en símbolos coherentes (del tipo de Jones o cualquier otro) incide en el propio funcionamiento de los ojos y los oídos. Así, puedo preguntar lo siguiente sobre el descubrimiento de Iiro al ver un pato en el garrapato de Winnicott: ¿Cómo se relaciona esto con todo lo demás que yo sé de Iiro? La combinación de la idea moderna de identidad con la idea moderna de la percepción apunta hacia un concepto de la mente.
¿En respuesta a mi ansia de saber acerca de la mente, el filósofo Jerrold Katz me sugirió una vez que distintas teorías acerca de algo tan evasivo como la mente o la materia son como distintos dibujos arquitectónicos de una casa. El bosquejo de la perspectiva de la casa sobre su emplazamiento será muy distinto al plano del piso, y al mismo tiempo distinto del diagrama de instalación alámbrica y de cañerías. Cada uno de estos proyectos tiene un uso diferente para lo cual los otros pueden muy bien ser inútiles o no válidos. Uno no puede usar el diagrama de instalación alámbrica para el paisajismo, ni tampoco se podrá encontrar las tomas eléctricas en el plano de perspectiva general.
Los proyectos no son simplemente correctos o incorrectos, sino que cada uno es correcto o incorrecto dentro de su contexto particular. No tiene sentido decir que un proyecto es correcto o incorrecto en algún contexto para el cual no ha sido diseñado. Sin embargo, podemos pedir que el diagrama de instalación alámbrica no indique las habitaciones que no aparecen en el plano de piso, y que la perspectiva general tampoco muestre un piso que no aparece en las especificaciones de la madera. En otras palabras, podemos pedir que un proyecto, sea lo que sea su contexto, no sea inconsistente con un proyecto que es válido en su contexto.
Del mismo modo, en la física podemos pedir que las macroexplicaciones de la caída de cuerpos y las colisiones de bolas de billar, no entren en conflicto con las microexplicaciones en la física de partículas de electrones y muones. Por supuesto, los dos tipos de explicaciones se verán muy diferentes y no serán transferibles entre los contextos de cada uno. De todos modos, no deben contradecirse entre sí.
Lo mismo ocurre con la mente. Podemos-y debemos-pedir que aquellas explicaciones psicoanalíticas y psicológicas del comportamiento a gran escala, no contradigan los modelos del cerebro de la biología molecular, pero no necesitamos pedir que tengan la misma forma (Weatherick, 1980). Es en ese espíritu que quiero proponer un modelo de mente que sea consecuente con la teoría psicoanalítica, con nuevos descubrimientos psicológicos acerca del cerebro y con nuevas teorías psicológicas acerca de la percepción y el lenguaje.
El psicoanálisis comenzó (en cierto sentido) con el esfuerzo de Freud de realizar un modelo nervioso-cerebral de los procesos neuróticos que él observaba (1895), y recientemente Karl Pribram ha actualizado el modelo de Freud a través del uso de la holografía (1969). Heinz Hartmann continuó la inclinación de Freud hacia las ciencias naturales pero incluyó la biología en uno de sus modelos; según Roy Schafer, el otro procede de una analogía con el gobierno (1970). Ya desde 1959, Lawrence Kubie sugirió el uso de modelos electrónicos de la ingeniería de la comunicación y de computadores, para la teoría psicoanalítica. Emanuel Peterfreund ha desarrollado ampliamente tales modelos para la situación terapéutica (1971).
Para un modelo de mente en general, podemos comenzar con el circuito de retroalimentación de procesamiento de información que ha resultado ser útil para pensar acerca de la simbolización y la percepción. Suponga usted que está esperando leer la letra b. Usted compara lo que ve con cierta idea interna de las características de b: consonante, minúscula, con una unidad redonda con otra que asciende (por lo tanto no es ni una q ni un g) a la izquierda (por lo tanto no es una d). Si la prueba se corrobora (otorga una retroalimentación satisfactoria), usted prosigue a la siguiente letra. Si la prueba no se comprueba, usted trae a la mente otro conjunto de características para la comparación.
El circuito debe tener tres características. Uno, un extremo conductual que actúe sobre el input: mis ojos recorren el texto impreso. Dos, alguna señal de norma de referencia que está fuera del circuito y no es controlada por él-por ejemplo, mis ideas acerca de cómo son b, q y d. Tres, un comparador como mi cerebro, que compare las marcas que mis ojos ven con esa norma.
Algunos libros de psicología tratan a los circuitos de retroalimentación como si sólo tuvieran dos elementos, un output y un comparador. Eso es un error. Debe existir aquella norma dentro de mí pero fuera del circuito que perciba esta b. Usualmente, la forma en que reconozco si se está cumpliendo o no con esa norma coincide con la manera en que yo siento. Siento que el auto está en una posición segura-o no lo está, y me siento ansioso y lo muevo de forma de no sentirme ansioso.
A través de aquella referencia pre-establecida, puedo unir los circuitos en una jerarquía, de tal manera que un circuito establezca la norma para otro (como abajo). En el ejemplo anterior acerca de la conducción de un auto, puedo imaginar un circuito más pequeño o "inferior", relacionado simplemente con la posición física del auto donde yo quiero que esté. Suponga que he decidido que el auto debiera estar a un metro de la berma

del camino. Si una ráfaga de viento precipita el auto a medio metro de la berma, hago girar el volante hacia la izquierda para devolver el auto a un metro. Esa norma de un metro debe venir de fuera del circuito que está ubicando el auto.
Podría venir de otro circuito más grande. Si el circuito más pequeño está "situando el auto", podríamos imaginar que aquel circuito más grande fuera algo así como "pensando acerca de la berma de carreteras". Suponga que llego a una sección de carretera en reparación. Un cartel dice "Sin berma". Veo que una salida por el costado derecho causaría una caída de seis pulgadas en un trecho de ripio suelto. Al comparar mi norma de un metro para una berma suave con esta nueva berma más arriesgada, mis ideas de seguridad dicen que ahora debo estar a un metro y medio del costado del camino. Cambio la norma para el circuito más pequeño. Utilizo entonces el circuito inferior para girar el volante para situar el auto de acuerdo a esta nueva norma del circuito superior.
Sin embargo, suponga que un niño sale corriendo desde el lado izquierdo hacia esta obra de construcción. Recurriendo a un nivel de abstracción aun más alto-un niño herido es peor que un eje roto-manejo en el costado de la carretera sin berma o bien fuera del costado para evitar golpear al niño. He cambiado la norma para "pensar acerca de bermas", lo que a la vez cambió la norma para el circuito "situar el auto".
La memoria también entra en juego. Mi experiencia previa con bermas de caminos, se retroalimenta a través de la memoria para llegar a ser una de las cosas que yo (un yo de un nivel más bien alto) tomo en consideración cuando establezco mi norma en un metro.
Nótese que un cuadro de retroalimentación con dos circuitos me permite tomar en cuenta ideas culturales dentro de mi estilo general. Tal vez es la costumbre en mi parte del país manejar a un metro del costado del camino. Yo, un conductor conservador, conduzco habitualmente a 1.5 metros de la berma. Mi hijo maneja habitualmente a 0.5 metros de la berma. Sin embargo, suponga que viviéramos en Quebec y la costumbre fuera 0.5 metros de la berma. Un padre de Quebec, similarmente conservador, y un hijo no tan conservador podrían conducir a .75 y .25 metros de la berma, respectivamente.
En 1948, Clyde Kluckhohn y Henry A. Murray proclamaron una de las grandes aseveraciones nómicas de la psicología moderna: "Todos son en algunos aspectos (a) como todos los otros hombres, (b) como algunos otros hombres y (c) como ningún otro hombre". Ellos estaban declarando el misterio de personalidad y cultura. Por ejemplo, como yo escribo la b en The bat is in the bin. Las marcas que veo en la página son las marcas que probablemente todo ser humano verá allí, pero no todos las van a experimentar de la misma manera que yo. La idea de b que tiene un escritor francés no corresponderá a la mía porque su cultura enseña una forma distinta de escribir b. Finalmente, la b que yo escribo será como la b de ninguna otra persona.
¿Me permitirá un cuadro de retroalimentación de dos niveles interrelacionar las formas en que una experiencia dada tiene ciertos elementos que son iguales para todas las personas, algunos que son verdaderos para ciertos grupos (por ejemplo, culturas), y algunos que son particulares a una persona? Sí. Esto es justamente lo que William T. Powers sugiere para generar un modelo general de mente.
Powers construye sobre los logros de Norbert Wiener, quien formuló las matemáticas de sistemas cibernéticos y sugirió, ya en 1943 que ellos podrían ser utilizados para describir organismos vivos y adaptativos (Rosenblueth, Wiener y Bigelow, 1943).
Powers declara su tesis básica en el título de su libro: Behavior: The Control of Perception (1973a). Él pretende mostrar un reverso de la perspectiva usual de estímulo-respuesta, la que considera a la percepción como lo que controla el comportamiento. Luego, prosigue a modelar la mente como un todo que él imagina como una serie graduada de tales circuitos de retroalimentación, una jerarquía, en la cual cada circuito corresponde a un cierto nivel de percepción y también provee la señal de referencia para el circuito inferior.
Al nivel más básico, Powers propone señales de esfuerzo muscular y señales de intensidad, por ejemplo, intensidad de sonido, de brillo, de rigidez, o de olor. Son los más básicos porque uno tiene que percibir un mínimo de luz antes que uno pueda ver otras cualidades visuales como el color o un borde, un leve susurro mínimo antes que uno pueda detectar el tono, un grado mínimo de presión táctil antes de lo plano, etc.
Para desarrollar el siguiente paso en la jerarquía, Powers busca un conjunto de sistemas de control que está jerárquicamente por encima del sistema de primer orden, pero al mismo tiempo tan cerca del nivel de los sistemas de primer orden como sea posible (p. 99). Los inputs para los circuitos de control de segundo orden son combinaciones de tales intensidades de primer orden, como son presión, sonido, ubicación, vibración, balance o sabor. Powers sugiere pensar en el segundo orden como controlando una suma (matemáticamente, una suma vectora) de intensidades de primer orden. El denomina esta suma una sensación, por ejemplo, de morado, de chocolate o de la nota musical sol agudo.
En otras palabras, nuestros controles de segundo orden organizan las intensidades de primer orden en cualidades correspondientes a los tradicionales cinco sentidos, aunque otras agrupaciones también ocurren. Por ejemplo, cuando escucho el sonido sss, yo simplemente lo escucho. Cuando digo sss, sin embargo, percibo tanto el sonido como el esfuerzo. Sin embargo, ambas veces "siento el zumbido". La sensación es nominalmente la misma pero de hecho involucra diferentes intensidades que atraviesan distintos "sentidos".
Powers comenta acerca del " `hecho filosófico' que emerge de esta teoría". Yo saboreo "chocolate", pero ninguna entidad física corresponde a mi sabor-sólo una combinación de azúcares y aceites. "Las señales de percepción dependen de los sucesos físicos, pero lo que representan no necesariamente tiene alguna significancia física" (p. 113). En general, Powers concluye,
Puede que el cerebro esté lleno de muchas señales de percepción, pero las relaciones entre esas señales y la realidad externa de la cual dependen, parecen totalmente arbitrarias. Al menos no tenemos ninguna seguridad de que cualquier percepción dada tenga significancia fuera del cerebro humano... Podemos sospechar firmemente que hay un universo real allá afuera, que comienza a un milímetro fuera de nuestro sistema nervioso, pero nuestras percepciones no son ese universo. Dependen de él, pero la forma de esa dependencia está determinada en el cerebro, por los computadores neurales que crean señales de percepción capa por capa, a través de transformaciones de un conjunto de corrientes neurales en otro (p. 37).
En otras palabras, Powers está describiendo a un nivel de percepción, algo muy parecido a la DEFTación que hemos visto en niveles superiores, la combinación de expectativas, defensas, y fantasías para formar un puente de arriba-abajo y abajo-arriba desde "aquí dentro" hacia "alla fuera". Luego prosigue a construir una jerarquía que se eleva a los niveles más altos de funcionamiento mental.
Para pensar cómo llegar desde un segundo a un tercer orden, necesitamos imaginar un sistema justo por encima, pero lo más cercano posible al sistema de segundo orden que trata de las sensaciones. Powers sugiere que pensemos en el tercer orden como configuraciones, es decir, una función invariable de un conjunto de sensaciones (segundo orden) que son, a la vez, sumas de intensidades (primer orden).
Por ejemplo, los conos y bastoncitos de la retina generan señales de brillo de primer orden. Siempre dentro de la retina, redes computacionales organizan estas señales de intensidad en bordes, áreas o gradientes, es decir, sensaciones (segundo orden). Powers teoriza que los centros visuales cercanos al tálamo las procesan en configuraciones, el tercer orden. El encuentra cierta confirmación en la fisiología del cerebro, para este arreglo en tres capas: los renombrados experimentos de Wilder Penfield, que estimulaban con una sonda eléctrica la corteza visual de gente que se sometía a cirugía cerebral (1975, pp. 21-27, 55-56). El sujeto "ve" formas: una estrella roja, un disco azul, una pelota verde o una rueda negra. Del mismo modo, cuando Penfield estimuló la corteza auditiva, los sujetos escucharon un campanilleo, un zumbido, chirrido, y otras configuraciones auditivas. Una clase especialmente importante de percepciones de tercer orden, entonces, sería los fonemas bs en "The bat is in the bin".
Podemos heredar algunas de estas configuraciones. René Spitz demostró que un infante de tres meses de edad reconoce rostros de una manera particular: como frente-ojos-nariz. El bebé responderá incluso a una máscara de Halloween si tiene estos rasgos, pero no al perfil de una cara humana. Pareciera que la frente-ojos-nariz es una configuración heredada para organizar la experiencia, la cual es muy útil biológicamente pues le permite al bebé buscar ser amamantado por alguien que le presta atención, como decimos, "enfrentándolo" (pp. 86-96).
Los adultos tenemos una habilidad similar. Podemos reconocer caras con solo unas pocas características, y aunque cambien drásticamente. Desde la última vez que vi a mis amigos de la universidad o del programa de post-grado, sus caras pueden haberse arrugado y sus cabellos encanecido; sin embargo, los reconozco. De hecho, puedo reconocer una caricatura de Winston Churchill o Hitler que no muestra más que una cabeza globular y un cigarro o un bigote y un mechón de pelo negro.
Lo opuesto a esta habilidad es una enfermedad llamada prosopagnosia: la víctima ya no puede reconocer caras. "Lo que es destacable de este desorden es su especificidad", dice el psicológo Norman Geschwind. Uno puede conocer a la gente por el nombre, y uno puede describir caras verbalmente, pero uno no puede poner la imagen de la cara junto con el nombre. "Las lesiones que causan la prosopagnosia son tan estereotipadas como el desorden mismo". "De lo cual se deduce que alguna red neural dentro de la región es especializa en el rápido y confiable reconocimiento de caras humanas" (1979, p. 189). Posiblemente los sistemas de control de tercer orden de Powers son este tipo de cosas.
La idea de un tercer nivel relacionado con las configuraciones también nos da una forma de pensar acerca del fenómeno psicológico tan familiar pero misterioso llamado "constancia de objeto". Vemos una silla como silla; no importa desde qué ángulo la vemos o aún si la vemos boca arriba. La vemos como compuesto de un asiento horizontal y un respaldo vertical, aún cuando en el mundo físico realmente no presenta esas direcciones. En un modelo de retroalimentación no tenemos que pensar que el cerebro pasa por alguna "compensación" muy complicada, para hacer constantes de las distintas formas en que nuestras sensaciones nos presentan una silla. Solamente necesitamos presumir que la señal de referencia para la configuración de silla se mantiene constante a medida que la silla rota o pivotea con respecto a nosotros, para que siempre tengamos una constante con la cual comparar nuestros datos sensoriales. En efecto, para ciertos propósitos más grandes dejamos de lado algunos tipos de cambios.
Entonces, ¿cómo percibimos las diferencias a medida que asumimos diferentes posiciones con respecto a la silla? Es porque percibimos distancias y tamaños y orientaciones como configuraciones de tercer orden, dice Powers. "Lo que expresamos en lenguaje serial como `la gran silla esquinada en el lado más lejano de la habitación' es probablemente percibida en un tercer orden, todo en forma paralela: grande y silla y esquinada y lejos y lado y una habitación" (p. 126). Estas configuraciones pueden dar cuenta de algunas de las ilusiones ópticas familiares: la escalera que se da vuelta y se convierte en una cornisa o el florero que se transforma en dos caras, si usted lo piensa de esa manera.
Un cuarto nivel de control dará cuenta de nuestra habilidad para ver "cuadros en movimento", la rápida repetición de imágenes de televisión o cine. "Cuando a un ser humano se le muestran dos configuraciones relacionadas en secuencia, dentro de un muy corto período de tiempo, él percibe una nueva entidad de experiencia que no está en ninguna de las configuraciones aisladas: cambio" (p. 130). Una transición demasiada rápida, y vemos la simultaneidad, por ejemplo, la forma indistinta de las hojas de un ventilador eléctrico que giran más rápido que diez revoluciones por segundo. Una transición muy lenta, y no percibimos ningún cambio como, por ejemplo el minutero de un reloj, que se mueve a una velocidad de 1/3600 de revolución por segundo. Entremedio percibimos el cambio, como el movimiento del segundero, o una serie de notas musicales que parecen ser un glissando, o como las luces en la marquesina de un teatro que dibujan una flecha en movimiento, aunque sean nada más que luces estacionarias que se prenden y se apagan. También controlamos estas transiciones en cualquier tipo de movimiento: levantando el brazo, creando una tonalidad de voz que sube o baja, o trazando un sendero en el espacio, como cuando un niño corre para recoger una pelota.
Si el cuarto nivel nos permite controlar el movimiento, el quinto nos debe permitir elegir un movimiento y no otro. Es decir, el quinto debe incluir la manera en que sentimos y controlamos la secuencia según la cual sentimos las percepciones de ordenes inferiores. Yo decido cómo he de moverme para levantarme de mi silla, atravesar la habitación, recoger el Times, leer los encabezados y decir "¡malditos!"
El decir "maldito" me parece especialmente interesante. Sería en este quinto nivel, Powers dice secuencia, en el que reconocemos las palabras, y él continúa diseñando circuitos de neurones que harían este trabajo. En el tercer nivel, es decir el reconocimiento de fonemas tales como ss, sólo se necesitarían sesenta circuitos o algo así. El cuarto nivel incluiría transiciones comunes de un fonema a otro, como st o como uey en buey. El quinto nivel proporcionaría circuitos para reconocer secuencias de fonemas, un circuito por fonema en una palabra. Por lo tanto, sostiene él, para reconocer 150.000 palabras con un promedio de seis fonemas cada una, no se necesitarían más de 900.000 neuronas. Semejante "lexicon" (para tomar prestada una palabra de los lingüistas) podría alojarse en un espacio de 150 milímetros cúbicos, aproximadamente la mitad del tamaño de una almendra. En esta red de circuitos, como en las diferentes velocidades involucradas, nada de lo que propone Powers es imposible para nuestro cerebro.
Aún así, esta descripción global del cerebro, según la cual éste opera mediante cinco niveles de retroalimentación, es especulativa. Los niveles más allá del quinto lo son mucho más. Para el sexto nivel Powers sugiere relaciones entre entidades del quinto orden y de órdenes inferiores: intensidades, sensaciones, configuraciones, cambios y secuencias. Las relaciones podrían ser: y, o, causa-y-efecto, si-entonces, relaciones espaciales o relaciones temporales, probabilidades, o simplemente asociación. En el sexto nivel organizamos e interpretamos nuestra experiencia. Experimentamos con ella. Entendemos cómo se relaciona el seis de corazones con el mazo, o por qué apretar el timbre de la puerta produce un sonido.
Para el séptimo nivel, Powers sugiere el control de programas: buscar los anteojos de uno, jugar al ajedrez, hornear un queque, hacer el amor, sostener una conversación. El séptimo nivel construye sobre la habilidad de establecer y reconocer relaciones-el nivel seis-pero va más allá en el establecimiento de una serie de pruebas y tomas de decisiones conducentes a diferentes procedimientos. Trato de hacer el crucigrama. Necesito mi lapicera. Entro al dormitorio, levanto una chaqueta, agarro la camisa que está debajo de ella y hurgo en sus bolsillos. Estas preposiciones: al, debajo de, y encima de, son relaciones del sexto nivel, pero las he organizado en una serie de programas y sub-rutinas. Estas estrategias o programas, o secuencias de relaciones más control de secuencias de relaciones ilustran lo que Powers propone para un séptimo nivel.
Powers abre la interrogante del rol del lenguaje en esta descripción de la racionalidad humana. Hay dos maneras de pensar acerca del lenguaje. En una de ellas, las palabras son simplemente percepciones que evocan percepciones no verbales-referentes o "significados". Yo percibo la palabra bate y pienso en un palo que se gira. Por otra parte, podría pensar en la palabra bate como algo que se puede manipular de una manera meramente simbólica, sin referencia alguna a los bates del mundo real (¿meramente un "significante"?). Si se trata del último caso, tendríamos que suponer la existencia de un nivel especial para reconocer y controlar los símbolos verbales como tales; y Powers rechaza esto por varios motivos, uno de ellos es la parsimonia. De cualquier modo, sin embargo, el lenguaje se encaja con el modelo como el medio más poderoso que tenemos para establecer y alterar los programas-aunque, como lo señala Powers, también pareciera que tenemos programas no-lingüísticos, como el de atarse los zapatos o dactilografía.
Para un octavo nivel, Powers establece un sistema para elegir entre programas, establecer programas o alterar programas en pos de fines determinados. Toma prestado el concepto de "principios heurísticos" de la inteligencia artificial: las ideas generales de cómo ganar el juego, vender el producto, hacerlo atractivo. Los principios son hechos confirmados por la experiencia, tales como es bueno tener firmeza en el centro de una tabla, la honestidad es la mejor política o, "Podría ganarle a este psicólogo". Los sistemas del octavo orden operarían en situaciones muy complejas que no se entregan a métodos exactos que pudieran establecerse anticipadamente (como atarse los zapatos-séptimo nivel) o en situaciones con una gran cantidad de detalles distractores en que se tiene que ponderar y seleccionar datos. Los sistemas del octavo orden son lo que los programadores de computación llamarían "programas ejecutivos". Un psicoanalista podría pensar en términos de directrices de superego a ego.
Más allá del octavo nivel, Powers sugiere un nivel que elige un conjunto de principios sobre otro. El llama este nivel conceptos de sistemas, un procedimiento para visualizar una colección de principios morales, fácticos o abstractos como un conjunto realmente conectado. Un circuito de este tipo percibiría las cosas como el Ejército de los Estados Unidos, el partido Demócrata o "mi familia". Todos los aspectos físicos que incorporan a estas entidades pueden cambiar-todo aquello que era el partido Demócrata durante la época de Roosevelt ha desaparecido-sin embargo, yo reconozco algo que llamo el partido Demócrata por encima y más allá de esas particularidades sensoriales.
Este nivel muy alto trataría del problema filosófico del "calcetín de Locke". Se puede zurcir, zurcir y zurcir un calcetín hasta que no quede el menor rastro del calcetín original, sin embargo en ningún punto (¿o en qué punto?) decimos que éste ya no es más el calcetín original. "Los conceptos de sistemas tales como Sociedad o Cultura no se encuentran en el mundo representados por los modelos físicos del universo; son elementos de modelos psicológicos del universo... eficaces exactamente en la medida en que los individuos aprenden a percibirlos y a elegir metas relacionadas con ellos y a desarrollar medios para mantener sus percepciones del noveno orden en estados correspondientes a dichas metas" (p. 173). Powers da el concepto de "el sistema" en sí (es decir, el sistema que no se puede vencer) como un ejemplo de la percepción de noveno nivel.
En términos psicoanalíticos, yo diría que el límite entre el octavo nivel imaginario de Powers y el noveno corresponde con el límite entre el pensamiento que resuelve problemas, o sea de procesos secundarios, y los procesos primarios tales como el sueño y la libre asociación. En un estudio clásico de opiniones, los investigadores concluyeron que una opinión era "la resultante o acomodo entre las exigencias de la realidad, las exigencias sociales y las exigencias psicológicas internas. Las tres son inseparables" (Smith, Bruner y White, 1956, p. 276). La metáfora de ellos es "acomodo" o "resultante" así como "límite" era la mía. La jerarquía de Powers de las retroalimentaciones nos ofrece metáforas mucho más poderosas para estas relaciones psicológicas complejas. El sí mismo guía a los patrones culturales, los cuales guían a los patrones físicos.
Curiosamente, parece probable que nuestros sentimientos, nuestras intuiciones, nuestras "relaciones viscerales", en otras palabras, el pensamiento de procesos primarios sea el que dirige nuestras percepciones y movimientos, los cuales son procesos secundarios, y no viceversa. Si trabajamos con la realidad, usamos nuestros procesos de nivel inferior de sensación y percepción, y el pensamiento de proceso secundario guía directamente estos procesos orientados hacia la realidad. Sin embargo, el pensamiento de proceso primario conecta con el sentimiento que nos dice si están funcionando nuestras retroalimentaciones de proceso secundario a través de la realidad. Cuando dormimos, como lo concluyó Freud, nuestros procesos primarios se pueden mover libremente, sin las trabas del mundo real. Cuando despertamos, entonces nuestros procesos primarios retoman el control. Luego, los procesos primarios guían a los secundarios (ver pp. 336-37).
Más allá del noveno nivel Powers se retira, y ofrece sólo suposiciones. Quizás los instintos proporcionen metas; y aquí, pienso, las nociones que tenía Freud de impulsos instintivos, de combinaciones de amor y agresión, podrían calzar, por ejemplo, con mi propia necesidad urgente de entender, que es lo que me impulsa a través de toda esta cerebración y elucubración. Por otro lado, Powers sugiere la memoria, la que seguramente es un elemento importante en toda la extensión de la jerarquía ya que permite el cambio (o el no-cambio) de la personalidad incorporada en todos estos niveles de referencia. Para hacer algo en forma diferente, o igual que antes-a cualquier nivel-uno debe tener memoria de cómo se hizo antes. La memoria es la forma en que los niveles inferiores modifican los niveles superiores.
Según Powers, para los niveles diez y superiores, "Tal vez nuestros hermanos del Oriente tengan algo que decirnos" (p. 174). Yo sugeriría algo menos místico, un concepto de identidad de tipo tema-y-variaciones. Todos los procesos de orden inferior, desde nociones como sociedad y cultura en el noveno nivel, hasta el mero sentido de brillo o volumen en el primero sirven para preservar el yo, para hacerlo sentir "bien". Yo necesito saber cosas. Es más que necesidad. Es hambre. Yo deseo. Yo ansío. Yo soy un adicto de las ideas. Por lo tanto me alimento de los autores a los que he estado citando (como Powers) y escribo las páginas que ustedes acaban de leer, utilizando sistemas de nivel inferior, configuraciones o sensaciones, para hacerlo.
Estoy en un continuo proceso de creación del "yo" a través de estos diferentes sistemas de orden inferior. Las sensaciones me dicen que en cualquier nivel dado mis actos están produciendo percepciones que se adecúan a las metas de mi identidad en dicho nivel. En todos esos niveles la memoria permite la acumulación de igualdades y diferencias en aquel "yo" que usted (o yo) podemos leer como temas.
Uno se puede imaginar la identidad (en los tres sentidos: agencia, consecuencia y representación) como el nivel más alto de la jerarquía. "Todos los programas del cerebro constituyen un solo modelo, o un solo modelo o sistema estructurado", según escribe J. Z. Young, un fisiólogo del cerebro. "El cerebro tiene muchas partes distintas, pero hay cada vez más evidencias de que están interrelacionadas para producir una totalidad funcional, la cual proporciona una dirección única y característica al patrón de vida de ese individuo en particular" (1978, p. 265). Yo lo leo como una legitimación de la idea de una identidad holística que gobierna una variedad de programas, como la jerarquía de las retroalimentaciones de Powers.
Sin embargo, tras haber probado el modelo de cerebro de Powers, imaginado con tal riqueza de detalles, tenemos que dejarlo de lado, ahora, por lo menos en forma parcial. Un fisiólogo moderno del cerebro, como lo es Ragnar Granit, está de acuerdo en que los circuitos de retroalimentación nos sirven bastante bien para una descripción aproximada del principio de autocorrección, incluso en los procesos de alto nivel, sin embargo, no pueden ser más que eso. Nuestros circuitos mentales no son lineales. Las neuronas no se prenden y apagan tan simplemente. Estos circuitos funcionan según patrones increíblemente complicados en los cuales un circuito excita o inhibe al otro como respuesta a una comparación. Mientras una célula de nuestra retina responde a un color, la célula vecina suprime la respuesta de ésta para los fines de una mayor exactitud. Los contextos intervienen en cada prender y apagar, y cualquier neurona puede ser el contexto del siguiente. Además, estos circuitos tienen una amplia redundancia, el factor de seguridad que la naturaleza da al órgano más importante para nuestra supervivencia. Todos estos circuitos interactúan y se repiten tantas veces que uno no puede simplemente representar estas estructuras tridimensionales con los diagramas bidimensionales de un especialista en computación.
Los psicólogos de la percepción de tendencia ecologista, por ejemplo, demuestran que uno debe ir más allá de las jerarquías. Es preciso pensar en términos de heterarquías (en las cuales el control se juega entre un circuito superior y un circuito inferior) o incluso en "coaliciones" dentro de las cuales el sistema consiste en que una parte del organismo actúe con el contexto dentro del entorno. Es preciso pensar en la "integridad funcional" del individuo que complementa un entorno que también posee "integridad funcional" (Turvey, Shaw y Mace, 1978). ¿Debo atreverme a decir totalidad, unidad, identidad?
Finalmente, sin embargo, debo admitir que no podemos usar los circuitos de Powers, aunque se repitan varias veces y que estén ordenados en una jerarquía, para descubrir cómo funcionan nuestros ojos, oídos o memoria. Aun así, el modelo de retroalimentación tiene ciertos usos. Por ejemplo, existe cierta región del cerebro que mueve los ojos en respuesta a un estímulo eléctrico. Un equipo de investigadores observa que mover los ojos es una acción motriz, pero la misma acción también vuelve a procesar la información visual. Es parte del sistema sensorial. "La lección es que no se puede trazar línea alguna entre un aspecto sensorial y un aspecto motor en la organización del cerebro"(Nauta, 1979, p. 106). En otras palabras, el principio general de Powers, de que el comportamiento-la acción motriz-es el control de la percepción, es válido. Nuestro cerebro efectivamente funciona como los sistemas de retroalimentación. No podemos usar esta generalización tan amplia para trazar el mapa de las funciones de nuestro cerebro y nuestros sentidos célula por célula, pero nos servirá como un marco de referencia dentro del cual podemos pensar acerca de principios menos detallados como leyes psicológicas o la idea psicoanalítca de la individualidad.
Así, los circuitos de Powers concuerdan con las descripciones contenidas en algunos análisis psicológicos muy conocidos de planeamiento y pensamiento, por ejemplo, la secuencia TOTE = Test-Operation-Test-Exit (Prueba-Operación-Prueba-Salida) sugerida por Miller, Galanter y Pribram (1960). Uno verifica la imagen de las cosas contra un plano: eso es la prueba. Luego uno opera para juntarlos. Se prueba de nuevo, y si el resultado es satisfactorio, termina. La "heurística" de Newell y Simon es muy similar. Se establece una meta, se evalúa la separación de la situación actual con la meta, se da un paso, se ve si la separación se ha reducido, se juzga la diferencia entre el presente y la meta, se da una paso y etc.... (Simon, 1975, ver también a Bruner, Goodnow y Austin, 1956). Estos son procedimientos de retroalimentación, como lo son la mayoría de los movimientos de inteligencia artificial en el "procesamiento de información".
Granit señala la "estratificación jerárquica" de los diversos controles del cerebro, y ésta es otra característica central del modelo de Powers con la cual estaría de acuerdo la mayoría de los científicos del cerebro. "Aquí", escribe una autoridad, "se encuentra un consenso notable entre los eruditos de campos, disciplinas y tiempos muy disímiles... de que los movimientos con determinados propósitos se construyen sobre una base de procesos reflejos". "Los reflejos y los movimientos voluntarios no son opuestos", continúa él, a propósito del control cerebral del movimiento. El da el ejemplo de un estudio hecho en Rusia de los tiradores campeones del Ejército Rojo. Mientras apuntaban, sus pistolas permanecían inmóviles, incluso si sus piernas, sus brazos o sus hombros se movían. En efecto, los mecanismos reflejos estabilizaban la posición de la mano del tirador en el espacio. El termina pensando sólo en su meta: dar en el blanco. "Los acontecimientos reales que subyacen al logro de la meta están construidos desde una variedad de procesos reflejos" (Evarts, 1979, pp. 170 y 179).
Además, estos procesos están relativamente aislados uno de otro. Como lo ha demostrado Herbert Simon, la evolución favorecería a los organismos construidos según principios jerárquicos, porque la alteración de las jerarquias paralelas sólo causaría una pérdida parcial (un dedo entre cinco, daltonismo pero no ceguera total), mientras que un sistema no dividido sufriría una perdida total. De este modo, los sistemas jerárquicos tienen la importante propiedad de "casi descomponerse". Es decir, las conexiones dentro de un sub-sistema son más fuertes que las conexiones entre sub-sistemas. La naturaleza ha separado los procesos rápidos dentro de un sub-sistema (viendo por un ojo, por ejemplo) de los procesos más lentos que vinculan sub-sistemas (como la coordinación entre brazo y ojo al disparar a un blanco). Esta aislación parcial nos permite pensar y usar los sistemas como si estuvieran separados. Esto corresponde a la forma en que Power conecta sus sistemas sólo mediante una señal de referencia.
Cuando hablamos o escribimos, comenzamos con una idea que queremos expresar, y luego encontramos las maneras de expresarla. En otras palabras, usamos la gramática (ya sea que estemos pensando en una gramática lingüística formal o en una de naturaleza psicológica) al servicio de objetivos de nivel superior (Schank y Abelson, 1977, p. 7). Nuestra gramática o "lexicon" funciona como un circuito separable como los circuitos del cuerpo.
Granit, en su libro apropiadamente titulado The Purposive Brain (1977), (El cerebro intencional), representa el pensamiento de hoy, anclado en estudios electrofisiológicos del cerebro. Los notables descubrimientos de los últimos años, observa él, permiten a los científicos enumerar en detalle "inhibiciones y síntomas en lugares sinápticos", es decir, sistemas separados. Aun así, los científicos tienen que dar "relevancia teleológica" a esas enumeraciones para que sean más que meras enumeraciones (p. 175). El científico debe tener en cuenta metas y propósitos y es por eso que el conductivismo y la correlación rutinaria de conductas están destinados al fracaso. Podemos entender la mecánica del movimiento voluntario a través del estudio de hechos físicos, pero sólo podemos entender el proceso total si insertamos esa mecánica en una jerarquía que involucra niveles mentales "superiores". Necesitamos ser capaces de hablar de metas. Por lo tanto, requerimos incluir en nuestro modelo físico del cerebro conceptos psicológicos de intención, voluntad o exigencia. Granit está llevando a cabo un servicio muy importante. Al lado de la investigación "concreta" de la fisiología cerebral, él está colocando el razonamiento de las disciplinas "blandas", como la psicología, el psicoanálisis o la teoría de la identidad. Debemos expresarnos en términos de sistemas
Al aprobar el principio de jerarquía y admitir consideraciones de intenciones en la descripciones físicas del cerebro, un moderno fisiólogo (como Granit) continúa incluyendo dentro del pensamiento moderno algunos de los experimentos clásicos de Sir Charles Sherrington. Sherrington demostró experimentalmente que las actividades reflejas, como la del perro que se rasca con su pata de atrás, persistían a pesar de que el cordón hacia el cerebro había sido cortado, de modo que no había manera alguna de que el cerebro pudiera participar en el acto. Sin embargo, esto no quiere decir que el acto no se haya modificado.
En sus conferencias de 1937-38, Sherrington explica que el comportamiento motor de cualquier organismo tiene dos componentes. Una es refleja, y dado que predomina en los niveles inferiores, primitivos de la evolución, parece básica. La otra es una superestructura, y no es refleja. En los animales superiores, la corteza cerebral proporciona la superestructura, ya se trate de un comportamiento instintivo o racional. Al subir en la escala evolutiva, las actividades que eran controladas "in situ"-los movimientos de las antenas de una langosta, por ejemplo-pasan a ser controladas por el cerebro en los mamíferos. El componente de la corteza cerebral aumenta la fineza, la habilidad, la adaptabilidad y la especificidad del acto motor. Al subir en la escala evolutiva esta superestructura se hace más prominente y alcanza su mayor grado en los humanos.
Si el acto motor se ve privado de ese componente de la corteza cerebral (como cuando Sherrington cortó la médula espinal de los perros), si se ve reducido a sus fundamentos reflejos, el acto motor se vuelve impreciso, sin sentido y pierde su "habilidad", en los animales superiores, especialmente en los humanos. En los mamíferos inferiores, por cierto, el reflejo tiene normalmente una participación mayor en el comportamiento, y el fundamento reflejo es en sí más capaz y completo, ya que el acto motor sufre menos al eliminar el componente superior, no reflejo. Por ejemplo, entre el perro y el hombre, el perro se puede poner de pie y correr relativamente bien tras la extirpación de la corteza cerebral. Se puede orientar visualmente. Pero el hombre no puede hacer tal. Sin embargo, un perro no puede adaptar sus actos reflejos para un propósito determinado luego de haber sido privado de su corteza cerebral; tampoco se le puede entrenar para algún fin determinado.
Por cierto, los impulsos sensoriales atraviesan un "largo-circuito" hasta la corteza cerebral, la cual envía una "llamada" a los reflejos para hacerlos cooperar. La llamada adopta un reflejo para uno y otro propósito en el momento en que la situación del animal así lo requiere. El perro no solamente camina, lo hace para saludar a su amo. "En pocas palabras, el componente de la corteza cerebral altera la naturaleza del acto motor desde una generalidad de propósito hacia un tipo de propósito delimitado y específico, adecuado para una situación específica" (1963, pp. 182-83).
El cuadro de Sherrington coincide con el de Powers. Cuando Sherrington habla de efectuar "largo-circuitos" a través de la corteza cerebral, sus circuitos de nivel inferior incorporan la habilidad del perro (o la nuestra) para caminar, o nuestra habilidad (y tal vez la del perro también) para reconocer rostros. Estos niveles inferiores funcionan dentro de una jerarquía, de modo que sirven necesidades superiores de conciencia. Granit utiliza el término "cefalización". Von Bertalanffy habla de tres niveles en los humanos. La médula espinal actúa como aparato reflejo. El cerebro antiguo, el "paleoencéfalo", es "el órgano de la personalidad profunda con sus instintos primitivos, emociones y apetitos". La corteza es el órgano de la "personalidad de día", es decir, el yo consciente (1952).
Para todos estos teóricos, la mente es una gradual superior e inferior. Aristóteles decidió que el límite inferior de la vida resiste toda demarcación. Sherrington llegó a la misma conclusión en relación a la mente: "No parece haber un límite inferior preciso para la mente..... Por último, la mente delineada de esta manera (hacia abajo a lo largo de la escala del ser) parece desvanecerse hasta la ausencia total de la misma". "Un observador versado del mundo animal unicelular ha dicho que si una ameba tuviera el tamaño de un perro, todos reconoceríamos su mente" (pp. 208, 209). Granit adopta la misma posición: " Desde el punto de vista evolucionista de la biología moderna, la conciencia es una novedad naciente y que probablemente sigue existiendo en una forma cada vez más rudimentaria en tanto descendemos en el phylum" (1977, p. 72).
Michael Polanyi, el biólogo y filósofo de la ciencia explica toda esta gama más formalmente al hablar en términos de condiciones limitantes. Piense usted en una aspiradora eléctrica. Esta funciona según dos categorías distintas de principios. Una de ellas está compuesta por las leyes generales de la electricidad y la mecánica. La otra, por las ideas específicas involucradas en el diseño de esta Hoover en particular. Polanyi sugiere que consideremos aquellas ideas específicas que adaptaron las leyes generales para la limpieza de alfombras como condiciones limitantes. Se puede pensar de este modo en cualquier restricción de la naturaleza que sea útil o que tenga un propósito determinado: los órganos que se encuentran en el interior de un cuerpo, por ejemplo; las plantas y los animales... incluso los humanos. No existe una forma en que las leyes de la electricidad, la química o la mecánica puedan proporcionar sus propias condiciones limitantes. Una organización más específica o "superior" de estos principios es la que debe hacerlo. Por lo tanto uno debe pensar en un continuo control que va desde las formas más elevadas de vida hasta las más bajas e, incluso más bajo, hasta las aspiradoras eléctricas (1968, p. 1311).
Al intentar simular el entendimiento humano en los computadores, los psicólogos Schank y Abelson juzgaron necesario proponer una jerarquía semejante, paralela, pero en términos de entendimiento más bien que de funciones cerebrales. Si un computador debe entender actividades humanas tan comunes como ir a un restaurant, entonces la "comprensibilidad es una función de la ubicación de cierta información en el contexto. Un guión es comprensible como la realización particular de un plan. Un plan tiene sentido sólo si conduce a alguna meta deseada. Y, una meta es comprensible si forma parte de un tema más amplio" (1977, p. 132).
De ahí que la inteligencia misma responde a una jerarquía, y lo primero en la jerarquía es lo que llaman temas: "un tema de vida no es más que una colección de metas que de alguna manera `van juntas', y un conjunto de normas conductuales apropiados para lograr aquellas metas". Las comillas que encierran la frase "van juntas" incorporan cierta reticencia de Schank y Abelson. En esa reticencia reconozco la poca familiaridad que tienen los experimentalistas con lo que es muy común para mí como crítico literario: la organización de ideas a partir de los detalles hacia un punto central por medio de temas y temas de temas. Ellos encuentran en la inteligencia la holística unidad en la variedad que yo encuentro en la personalidad como una totalidad.
Polanyi, Schank y Abelson nos proporcionan un modelo tan general como el de la jerarquía de retroalimentaciones de Powers, y muy parecido a éste. De hecho, la estructura de las conexiones internas y externas de retroalimentación del organismo de Powers constituye las condiciones limitantes para las "fuerzas de la naturaleza inanimada" de Polanyi. De la misma manera que la red única de retroalimentación de Powers conlleva na- turalmente a una jerarquía de redes, los niveles superiores de Powers proporcionan las condiciones limitantes para los niveles inferiores, hasta llegar a las leyes físicas y químicas no formuladas. Así también, la jerarquía de Schank y Abelson proporciona contextos sucesivamente más generales a medida que uno va subiendo la escala en pos de eventos sucesivamente más específicos a medida que uno va descendiendo la escala.
Encuentro, entonces, una variedad de perspectivas científicas que convergen en un solo cuadro general. El ingeniero de computación (Powers), los fisiólogos del cerebro (Granit, Sherrington, Young), el filósofo de la ciencia (Polanyi), los simuladores de la inteligencia humana (Schank y Abelson, Simon) todos están de acuerdo en dos principios fundamentales. Primero, se puede simbolizar la mente, al menos parcialmente, como una jerarquía de procesos. Estos pueden ser circuitos de retroalimentación, arcos reflejos, sistemas de TOTE, o "libritos", pero todos procesan información para autocorregirse en relación a una meta más allá del circuito. Segundo, por tanto, dentro de tal modelo, los procesos superiores proporcionan niveles de referencia, condiciones limitantes, propósitos, metas, criterio, o comprensión para procesos inferiores. Tal jerarquía abarcará desde las funciones "más altas" de la individualidad o inteligencia humana hasta los animales unicelulares o hasta la materia inerte. Aún una cucaracha puede tener un estilo.
El modelo de mente que estoy sugeriendo es una versión más de esta escala de retroalimentaciones. Veo una jerarquía que consiste en varias formas de DEFTación. Hay maneras de extender circuitos de deseos o fantasías para incluir el mundo exterior (fantasías) y maneras de controlar lo que se admitirá de ese mundo hacia el sí mismo (defensas). Hay maneras de canalizar los circuitos de expectativas de nivel inferior contenidos en el flujo inmediato de la experiencia hacia las transformaciones a nivel superior de la experiencia, en significado. Veo un estilo personal tanto en el nivel más alto de esa jerarquía como permeando todos los circuitos. Puedo representar ese estilo como una identidad de tema-y-variaciones. Es la meta de las metas, un "tema de vida" unificador en el sentido de Schank y Abelson. Es
Sugiero un rol para la identidad como el rol que los estudiosos del cerebro atribuyen a menudo a la consciencia: lo que da dirección desde el más alto nivel, un unificador, un centrador. Sherrington describe este rol como "el acto de la mente unificador de la experiencia del momento", "una integración". Como un ejemplo se refirió a una "ilusión óptica" familiar: "Lo que se está viendo como una escalera, de repente y sin previo aviso, se convierte en una cornisa colgante. Pero siempre es completamente la una o la otra". La mente interpreta el "ahora" como una situación con un solo significado. Sherrington llama a este proceso constante de unificación "el principio de convergencia". "Aquella unificación de la experiencia del momento es un aspecto de la unidad del `yo' ".
Unos cuarenta años después de Sherrington, un fisiólogo como Granit puede contar con muchos logros más en el proceso de desenredar las redes que constituyen aquel yo. Para Granit, los términos claves son "propósito" y "creatividad". En el nivel inferior, tenemos el equilibrio homeostático de los detalles moleculares; más arriba, el funcionamiento holístico de los órganos y los miembros; aun más encima, las conductas, y finalmente, los procesos que llamamos mente. En cada nivel, el propósito creativo de un nivel superior da la forma que toma el funcionamiento de los niveles inferiores. El cuerpo utiliza los procesos inferiores para lograr las metas superiores, para que haya "una reorientación de propósito desde un nivel a otro". Se entreteje un padrón de propósitos creativos en el tejido de jerarquías biológicas, teniendo a la consciencia en el nivel máximo". Granit insiste que hay que tomar en cuenta esa intencionalidad cuando un científico da explicaciones, aun cuando tales explicaciones "nunca terminen en las ecuaciones diferenciales que un físico utiliza para su mundo de interpretación" (1977, p. 85).
Mucho antes de Granit, en 1932, Edward Tolman había expresado su bien conocido principio. "La conducta huele fuertemente a propósito". Mucho antes de Tolman, William James explicaba "por qué debíamos seguir hablando dentro de la psicología como si la consciencia tuviera eficacia causal"(1980, p. 138). La consciencia aporta eficiencia a un cerebro no-instintivo al ejercer una presión más o menos constante a favor de aquellos ejercicios que contribuyen a los intereses más permanentes del dueño del cerebro" (p. 140). "El estudio..... de la distribución de la co- nsciencia demuestra que es exactamente lo que pudiéramos esperar de un órgano agregado con el propósito de conducir un sistema nervioso que ha llegado a ser tan complejo que no puede regularse a sí mismo" (p. 144). Su metáfora, conducir, apunta hacia los sistemas de orientación que Wiener llega a describir matemáticamente medio siglo después, y que Powers y los demás aplican a este mismo problema.
Por ejemplo, el psicólogo Roger Sperry habla de que el cerebro monitoriza sus propias actividades, a través de su propia consciencia. Por supuesto, la conciencia no controla las acciones de células individuales sino que detecta las cualidades generales de distintos padrones de actividad. El cerebro no "interviene", alterando las leyes que gobiernan la generación o transmisión de los impulsos nerviosos. Más bien, la consciencia "supraviene". Ajustando la actividad del cerebro dentro de un sobre de configuraciones mas amplias, tal como las gotas de agua giran en un remolino de un riachuelo (Calder, 1970, p. 260). Las palabras de Sperry suenan como las de James.
"Las actividades cerebrales de cada [persona] son una unidad", escribe otro estudioso del cerebro, J. Z. Young (1978, p. 134). Es cierto que estoy sugeriendo que pensemos en el unificador que sobreviene o conduce en el nivel máximo como "consciencia" o "sentimientos", pero más precisamente como un concepto de identidad de tema-y-variaciones. La hemos definido como agencia, consecuencia, pero más importante dentro de este contexto como representación. Efectivamente la identidad nos permite objetivar un "yo".
Quizás los "intereses" que James encuentra favorecidos por la consciencia- no sean universales. Comer es un placer para la mayoría de nosotros, pero quizás no lo sea para el que está a régimen, el bulínico, o el anoréxico. No hay mucha gente que "necesita saber" con tanta hambre como siento yo. Un concepto, como el de identidad de tema-y-variaciones, nos permite traducir nociones generales tales como consciencia, intereses o placeres en los intereses de Shaw, los placeres de Freud, los propósitos de Fitzgerald, las preocupaciones de Jiro, o mi propia necesidad de saber de una y otra cosa, como un todo y con certeza.
Lichtenstein utiliza dos términos distintos: identidad primaria y tema de identidad. Ambos se refieren a un tema que inferimos, que recorre todo de lo que sabemos acerca de algunas de las actividades de la mente, y que formulamos en palabras. Al decir "identidad primaria", él se refiere a un estilo dentro de la persona. Creado durante la primera relación entre el infante y la primera persona que lo cuida, ese estilo es una manera de ser que está dentro-hasta es esa persona. Formado antes de las palabras, es un algo preverbal que nunca puede ser formulado en palabras, "sabido" en aquel sentido. Tal como nunca podemos conocer la mente de otra persona, igualmente esta identidad primaria, la esencia de aquella mente, debe permanecer misteriosa.
En contraste, un tema de identidad (como uso el término) es mi manera de representar un ser humano a mi mismo. Seguramente, cuando mi inferencia del tema de identidad de Bernard Shaw "encaja" o tiene sentido (lo siento bien, según mi criterio), puedo decir que debe aproximarse a su identidad primaria. Sin embargo, nunca puedo estar seguro de eso, ni es preciso que lo esté.
"El tema de identidad" es un concepto paradojal, ya que coloca lo que es esencialmente mío de mi yo en algún punto entre tú y yo. Por otro lado, como lo hemos visto, esta "inter-idad" de nuestra interpretación de otro es adecuada a lo que sabemos de las maneras en que los seres ven el mundo o lo recrean en palabras y otros símbolos. Nuestro ser se entremezcla con el "allí afuera", creándolo y recreándolo mientras imponemos sobre el mundo nuestra manera característica de percibirlo.
En un sentido puramente psicológico, una identidad de tema-y-variaciones que gobierna una jerarquía de redes de DEFTación proporcionará un modelo para los procesos de percepción y simbolización a través de los cuales continuamos tanto nuestra unidad como nuestra dualidad con el mundo. Al mismo tiempo, no obstante, debemos recordarnos de que aun las percepciones sencillas son una función de la
Acuérdense del guía BaMbuti de Colin Turnbull, quien había crecido en una selva donde nunca vio más allá de unos 70 metros. Al ver bisontes desde una distancia de varios kilometros, creyó que eran insectos. Efectivamente, el guía demostró dos cosas. Primero, la cultura puede limitar la biología, quitando algunas posibilidades, hasta en un esquema visual tan básico como la correlación entre tamaño y distancia. Segundo, si es así, debe ser verdad que la cultura tiñe aun más profunda y ampliamente nuestra manera de percibir las relaciones familiares, la política, el significado de palabras, la belleza, lo cómico o los sentimientos que sentimos al oír un cuento.
En nuestra metáfora de retroalimentación, podemos tomar en cuenta el rol de la cultura a través del siguiente diagrama de dos niveles que reduce la jerarquía de multiples niveles de Powers:

Nuevamente, el ser humano vive en el mundo a través de la conducta que controla la percepción. Eso es el circuito inferior: una persona actúa sobre el mundo físico para cambiar las percepciones de modo de poder sentirse mejor emocionalmente. Un circuito superior me permite visualizar la forma en que un "factor social" puede limitar o agregar a la biología al establecer el nivel de referencia para el circuito inferior. El circuito superior utiliza el inferior, igual como el yo utiliza el superior. El individuo utiliza la cultura que ha internalizado, la que, a su vez, utiliza la fisiología. La fisiología equipa tanto como limita la cultura, y la cultura equipa tanto como limita al individuo.
Por ejemplo, mi cuerpo está construido para sentarme. En ese sentido,el cuerpo hace que algo sea posible para mí. Sin embargo, no me puedo torcer lo suficiente para sentarme con las rodillas hacia atrás. Mi cuerpo hace que algo sea imposible para mí. De la misma manera la cultura hace que algunas cosas sean posibles y otras imposibles para mi fisiología. Mi cultura me da la posiblidad de dar vueltas en una silla giratoria-pero al sentarme en sillas he atrofiado los músculos para permanecer encuclillado, posición que parece tan útil para los africanos y asiáticos.
En general, la cultura que internalizamos modifica lo que nuestra fisiología es capaz de hacer. No vicecersa, nótese bien. Mientras internalizo mi cultura, ella provee mi cuerpo con un lenguaje. Provisto de este modo, puedo moldear las palabras que usted está leyendo. Ese lenguaje, luego, establece los límites de lo que puedo oír o pensar o decir-como lo siguen demostrando nuestros alumnos, y hasta nuestros poetas más eloquentes:
...... cada tentativa
Es un comienzo totalmente nuevo y un tipo de fracaso diferente.
Porque uno sólo ha aprendido a controlar las palabras
Para la cosa que ya no se tiene que decir, o la forma en que
Uno ya no está dispuesto a decirla.
La cultura suministra palabras para T. S. Eliot, lo mismo que para el más inarticulado de nosotros. La Fisiología suministra lengua y cuerdas vocales con que hablar, los oídos para oír, y (como diría Noam Chomsky) parte de mi cerebro programado para el lenguaje. La cultura nos encierra en lo que Frederick Jameson ha llamado la prisión del lenguaje. Solo podemos decir lo que ya sabemos cómo decir. Mi cuerpo, como el de cualquier otra persona, está construido para el lenguaje. Pero yo hablo en inglés, no en italiano. Esto significa que no puedo ni siquiera oír la diferencia entre la "r" sencilla y la "r" doble en italiano, y aunque hablo un poco de francés, me cuesta oír la diferencia entre "nom", y "non", m-n, una diferencia que tengo que eludir si quiero leer a Lacan). Aún más, mi inglés no es exactamente igual al de otros angloparlantes. Yo hablo con una cierta lentitud y tono. Escribo usando modificadores de frases tales como "por lo tanto" y "sin embargo" con mucha más frecuencia que lo que hace la mayoría de la gente. En jerga lingüística, escribo y hablo en un idiolecto, en un dialecto y en un idioma. Mi identidad establece el patrón para el tipo especial de lenguaje que me da mi cultura, el inglés, que a su vez afina el equipo del habla de mi cuerpo para ciertos sonidos y no para otros.
Lenguaje, instrumentos, cocina, la estructura familiar, todo suministra patrones para los ojos, oídos, lengua y dedos. El terreno de nuestra vida es físico y biológico, sin embargo la cultura puede limitar nuestra fisiología, como lo hizo con el guía pigmeo.
El esquema en dos niveles proporciona una metáfora para él. Sin darnos cuenta usted o yo podríamos "fijar" nuestros niveles de referencia para estimar las distancias. Nos programaríamos con datos sobre los ángulos, los matices, o los tamaños y el silencio que indica que un búfalo está a dos millas de distancia. Lo hacemos con nuestros recursos culturales, pero la cultura del pigmeo nunca le dio la oportunidad de aprender sobre un búfalo ubicado a tal distancia. En efecto su circuito social nunca ha fijado este nivel de referencia para el circuito biofísico, y un búfalo a dos millas de distancia simplemente no puede existir para él.
La cultura que interiorizamos tanto agranda como limita la biología. Finalmente el individuo usa o trabaja con su habilidad para ver al búfalo a cierta distancia o, en verdad trabaja con su inhabilidad (dice que están embrujados). El lenguaje funciona de la misma manera, como un instrumento, como cuando hablamos de "recursos lingüísticos" de diferentes culturas (Hymes, 1973).
La identidad como una jerarquía de retroalimentaciones también nos permite modelar la expresión y la comunicación en un mundo de mentes individuales. Me expreso de acuerdo a mi identidad; para hacerlo, uso recursos culturales tales como lenguaje, divisiones por capítulos, el aparato de referencia académico; o el sistema de prensa universitaria. A través de ellos, creo un objeto físico: el libro que usted tiene en sus manos.
Usted, a su vez, ve mi libro. Lo percibe físicamente, examinándolo con su esquema para ver líneas, curvas, guarismos tales como letras y palabras. Usted mide mi sintaxis, gramática y ortografía con su conocimento de inglés, su vocabulario sobre las mentes o Shaw, y mi libro (espero) sale bien de esta prueba también. Entonces usted puede comparar mi escritura con su co- nocimiento de y experiencia con la gente, con su fe en o sus dudas sobre la retroalimentación, digamos, o la unidad y su idea de lo que constituyen la evidencia y la verdad.
Escribí siguiendo un sistema-el inglés-y usted lo comprende, al usar un sistema-inglés. Pero yo escribo y usted comprende a través del mismo inglés para beneficio de dos identidades distintas. Sus sentimientos y creencias íntimos le guiarán y finalmente gobernarán su percepción de mis palabras inglesas, pero ambos participamos de algo que hace la comunicación posible en primer lugar. Sus sentimientos íntimos y los míos hacen que la comunicación sea personal, el lenguaje que tenemos en comun la hace transpersonal, y ninguna forma imposibilita la otra.
Esta imagen de leer y escribir como dos circuitos similares de retroalimentación que actúan sobre un solo téxto nos proporciona un modelo para nuestra situación en una cultura. Compartimos circuitos con nuestros conciudadanos, pero cada uno de nosotros usa esos circuitos compartidos para sus propósitos personales.
Este es un cuadro muy diferente del de las típicas metáforas de "la presión social" o"las fuerzas políticas"-o "la autoridad económica"-o "el impacto de la sociedad". Por supuesto que las sociedades imponen un consenso de lo que es real, verdadero y válido. No cabe duda que la gente frecuentemente experimenta este "reforzamiento" como una "presión". Aún así, es una metáfora que confunde. La cultura no ejerce "presión", "fuerza" o "impacto" tanto como que nos da significados o nos priva de los mismo. Me da un Toyota, pero me niega un Rolls Royce. Me dio el inglés pero me privó del griego homérico. La sociedad puede hacer que una de las dos decisiones sea muy difícil o dolorosa, la compañía financiera puede incluso llevarse mi Toyota, pero la sociedad no puede ejercer una fuerza física de la forma en que lo hacen las cadenas, las murallas o las drogas.
Lo que la cultura hace es proporcionarnos recursos; dentro de esos recursos, el individuo puede elegir algunas cosas y otras no. Algunas culturas niegan ciertas opciones a ciertos individuos (poder ver un búfalo a dos millas), pero eso es todo cuanto una sociedad pueda hacer para "restringir" físicamente.
En la medida en que se involucra la libertad, el individuo es a la cultura como la cultura es a la fisiología en nuestra representación de dos circuitos. Los regímenes totalitarios más rígidos no pueden hacer más que disponer de los dos circuitos inferiores, tal como la sociedad de 1984 de Orwell dispone del lenguaje y de la historia. No importa cuan represiva sea una sociedad, sólo puede alcanzar el ámbito de la elección individual, privada, a través de esos dos procesos inferiores. Incluso un esclavo es libre en sus pensamientos.
En este cuadro de retroalimentación, al usar el lenguaje, o la tecnología o el simbolismo de mi cultura, éstos vuelven a actuar sobre mí, como un martillo que al mismo tiempo capacita y limita a un carpintero o como las palabras permiten que Eliot empiece de nuevo pero lo condenan al fracaso. Las realidades que usamos nos cambian.
Cambian, incluso, las mismas estructuras del id, ego y super ego. Desde el principio, Freud y los analistas posteriores comprendieron que las estructuras intrapsíquicas se derivan de las adaptaciones de una persona a la realidad. El id manifiesta psicológicamente los impulsos biológicos del cuerpo. El super ego internaliza la aceptación de nuestros padres como padres y a nosotros como hijos con todas las limitaciones y demoras que esta aceptación implique. El ego reafina el principio del placer (o la ausencia del dolor) pero con un ojo astuto para ver posibles ventajas en el retraso o concesión con las exigencias de la realidad o con las leyes de la lógica o causa y efecto.
El ego también incorpora, sin embargo, el aparente talento innato, para arreglárselas en un " ambiente medianamente esperado". De aquí que el ego debe haber existido desde el nacimiento, y los psicoanalistas de la década de 1950 tendían a pensar en las funciones del id, ego y superego, como absolutas, como funciones del corazón, pulmones, o hígado. La mayoría de los psicoanalistas teóricos de esa época asumían que el id, ego y superego como estructuras serían bastante parecidas para cualquier ser humano, independiente de su escenario histórico o cultural.
Los analistas posteriores estuvieron más cercanos a la propia forma de pensar de Freud porque cuando Freud creó el psicoanálisis, la realidad significaba un ordenado universo de leyes naturales eternas que establecían las fronteras dentro de las cuales los seres humanos tenían que resolver sus vidas en una sociedad igualmente ordenada. El mismo Freud creía en la realidad de la realidad con una intensidad especial. Si la realidad es tan constante como la biología humana, entonces no importa si las estructuras psíquicas son innatas o adaptaciones a la realidad.
El torbellino de la década de 1960 dio a esa realidad fija una vuelta de arriba a abajo. Hemos visto que los cambios técnológicos y sociales se aceleran hasta el punto en que muy poco de nuestro medio ambiente es "término medio"-"o de esperar". Hoy, cuando las mismas dimensiones de espacio y tiempo se han extendido más allá de toda comprensión, la realidad puede atacar más que apoyar nuestro sentido de un yo significativo y continuo.
Si es así entonces, como Heinz Lichtentein señala en su análisis de la crisis de finales de los sesenta, las funciones de id, ego, y superego pueden cambiar (1973, 1977). El id y los principios del placer pueden llegar a ser formas de afirmar nuestra propia realidad, y un ego que gira en espiral, quizá necesite hallar la estabilidad en una unión de estados místicos. El superego puede dejar de ser la voz incorporada de los padres y de la cultura, porque se ha perdido en un pasado que se desvanece y en vez de eso se convierte en una forma de reclamar para uno mismo la autoridad que una vez tuvieron nuestros mayores.
Las sociedades existen porque permiten un consenso en cuanto a lo que es real, un consenso que finalmente tienen que imponer. Una revolución señala el reemplazo del consenso de una realidad por otra nueva, y todas las diversas revoluciones de la década de 1960 (colonial, sexual, de derechos civiles, drogas, musical) trataron de llevar a cabo justamente eso. A medida que estos movimientos cambiaban las realidades, también cambiaba la Psique que la realidad retroalimenta. En un sentido muy real, el ego y el superego de las décadas de 1970 y 1980 difieren de las estructuras de la década de 1950 y principios de los años 1960-al menos en los pacientes que ven los psicoanalistas norteamericanos. La inestabilidad de la realidad "objetiva" (en el sentido que tenían en el siglo diecinueve) nos permite darnos cuenta una vez más de lo que es la realidad "realmente"-el compartir experiencias con otros significativos a través de procesos de retroalimentación compartida.
Como dijo Erikson, no hay persona sin sociedad. Las identidades de tema-y-variación son sociales y políticas al mismo tiempo que individuales. Para ser más preciso ; las identidades de tema-y-variación son el modo en que la gente es social y política. Todavía más exacto, las identidades de tema-y-variación son una manera de describir el modo en que la gente es social y política. Como en el famoso estudio en 1956 de los puntos de vista de los Bostonianos sobre Rusia.
La opinión de un hombre lleva impresa inevitablemente su sello personal. Su capacidad para el pensamiento práctico abstracto, para los sentimientos profundos, para la acción directa establecen límites en sus respuestas a las cuestiones públicas, y en verdad, lo que él hace de cualquier suceso significativo que le afecte. Sus cualidades intelectuales y de temperamento, características generales de su comportamiento estabilizadas en la compleja interacción entre la constitución y la historia personal, dan una forma tan especial a su opinión acerca de Rusia como a sus reacciones ante los manchones de tinta del psicólogo... Si el trivial borrón de tinta rememora un ejemplo válido su estilo personal, lo mismo sucede con una pregunta sobre Rusia. Las tareas son más parecidas de lo que puede parecer a simple vista (Smith, Bruner y White, p. 259).
Lo que este libro hace es conseguir que términos tales como "capacidades" y "cualidades" sean más precisos: un tema y varios conceptos de identidad que gobiernan una jerarquía de retroalimentación personal, cultural y fisiológica. El individuo establece los límites dentro de los cuales la cultura establece los límites dentro de los cuales él establece límites en el mundo físico para así controlar sus percepciones para que ellas produzcan satisfacción. Retroalimentándose esto, la fisiología permite y limita la cultura, y la cultura permite y limita al individuo. El individuo manipula la cultura y la cultura manipula la fisiología.
Las metáforas de "fuerzas" o "determinismos" sociales no transmiten esa curiosa mezcla de limitaciones y libertad. Pienso que es más correcto decir que el individuo usa los recursos culturales de que él dispone, los cuales, a su vez, usan los recursos físicos y fisiólogicos que estén a su disposición. Me gusta el término "Transacción" que usa John Dewey. Nosotros realizamos "transacciones" con realidades físicas y culturales, de la misma forma en que nos ocupamos de nuestros asuntos, ya sean los del corazón o del maletín. En lo referente a la cultura o al lenguaje, somos amantes o proveedores, artesanos o incluso artistas.
Hay una manera, entonces, en que podamos combinar el pensamiento sobre la limitación, la libertad, la belleza y la risa y el amor, códigos semánticos y transformaciones, neuronas y sinapsis y retroalimentación, todos estos niveles: por medio de un examen minucioso de los niveles inferiores, incluso en una simplificación de dos circuitos. La Identidad es el nivel de referencia que gobierna la jerarquía que es la mente. El circuito inferior tiene que ver con la retroalimentación a través de la cual nos movemos y sentimos el mundo físico. El circuito superior tiene que ver con el sistema cultural y los códigos que hemos internalizado. Aunque nos pueda parecer como si tuvieran "fuerza" o "impacto", no nos restringen como lo hace un muro. Debemos definirlos dialécticamente. La identidad representa elección y libertad, lo que sea una función de la persona, y esa es la tesis. Los circuitos inferiores deben ser la antítesis: lo que no se puede elegir.
Lo que no pueda elegirse en un sentido cultural es lo que cualquier miembro normal de la cultura no podría encontrar de otra forma. "Furiosamente duermen ideas verdes incoloras"-no hay forma de que yo pueda encontrar esa frase gramatical. En el cine, la banda de sonido lleva una voz de mujer, y la cámara pasa sobre el hombro izquierdo de una mujer para mostrar el rostro de un hombre; después corta y mira sobre su hombro derecho al rostro de una mujer que habla. No hay forma de que yo pudiera leer esa escena como que ella no estuviera hablando con él. La cámara muestra una canasta llena de lo que parecen patatas, luego se corta para mostrar un primer plano de una patata. No tengo más remedio que leer la segunda imagen como un ejemplo de las patatas de la primera. Sin embargo, otra persona que no conociera el cine o no supiera inglés encontraría estas cuestiones incomprensibles-fuera de su circuito cultural (como los nativos africanos que, cuando les mostraron un documental agrícola de las Naciones Unidas en que se veía un primer plano de una patatas, dijeron tristemente "Pero nuestras patatas no son tan grandes").
Resumiendo, el segundo circuito hace uso de códigos y sintaxis que no admiten opciones-a menos que uno se salga de la cultura. Por otra parte, si adultos normales acostumbrados a ir al cine difieran-algunas personas, por ejemplo, puedan ver a la mujer como enfadada, otros como asustada; algunos puedan encontrar las patatas pálidas, y otros oscuras-entonces estamos en un circuito superior en el que la identidad gobierna las percepciones culturales.
Esa clase de código cultural o lingüístico o semiótico difiere fundamentalmente de otra clase, de las convenciones que adoptamos, por ejemplo, como intérpretes cuando aceptamos una idea compartida de lo que es pertinente, de lo que contará como datos, o lo que reconocemos como confirmación. Estas son las reglas de un juego que adoptamo sólo en relación a otros jugadores que efectuan la misma retroalimentación que nosotros. Ellas son las reglas que recibimos de nuestra "comunidad interpretativa" (Fish 1980).
Un código semiótico, me parece, debe definirse como "Ningún miembro normal de esta cultura podría leer esto de otra manera". Las comunidades interpretativas son más elásticas. Nos proveen con algo como hipótesis listas para usar mientras transitamos por el mundo, pero nos permiten elegir entre listo-para-ponerse y hecho-a-la medida e incluso entre varios estilos y colores dentro de lo-listo-para ponerse.
En otras palabras, deberíamos incluir en nuestro diagrama de retroalimentación uno de los conceptos más útiles de Chomsky: grados de gramaticalidad. Los circuitos que gobiernan los ojos y oídos son fisiológicos y casi tan limitantes como las leyes físicas. En nuestro diagrama, son esas conexiones físicas que van desde el output de conducta hasta el input perceptual. Los circuitos que gobiernan la forma en que vemos letras y palabras son culturales, no fisícos, pero deben ser comprendidos como "Ningún miembro normal de esta cultura podría ver esto de otra manera". También deben ser comprendidos como si fueran conexiones físicas. En nuestro diagrama, un código como ese funciona casi como el alambrado o entorno físico del circuito de retroalimentación.
Como contraste, las comunidades interpretativas a las que estamos unidos temporalmente nos proporcionan convenciones, expectativas, o tácticas ya hechas, por ejemplo, toda la idea de pensar de una persona como un tema-y-variaciones. Estas son simplemente hipótesis-output-que echamos al mundo por medio de conexiones físicas y por las que recibimos retroalimentación positiva o negativa . Aparecerán en nuestro diagrama como outputs de conducta de un individuo, el contenido de las conexiones de los códigos semióticos más que las mismas conexiones. Esta forma de convención no nos limita ni nos engrandece sin nuestro consentimiento como lo hacen los códigos físicos o (diría yo) culturales. Nos abren posibilidades, ciertamente, pero tenemos la libertad de elegir otra forma.
Definimos la identidad como agente, consecuencia y representación. Nuestro diagrama abreviado de retroalimentación nos muestra la identidad como agente. La identidad como agente impone el nivel de referencia para nuestros recursos culturales que a su vez imponen el nivel de referencia para nuestras habililidades físicas. El psicoanálisis y fisiología del cerebro son, por supuesto, muy diferentes, pero el psicoanálisis puede proporcionar representaciones de procesos mentales que concuerdan con los dibujos de cerebro que trazan los neurólogos. Con este cuadro simplificado, hemos llegado, en efecto, a una metáfora que es adecuada para diferentes pero consistentes dibujos de la mente, tal como Jerrold Katz prescribió. Esto es seguramente lo que Freud deseaba, cuando era un joven y ambicioso neurólogo que recién empezaba a estudiar la mente: un
de mente.
El edificio de la mente está construido con pequeñas redes funcionales. Como primera aproximación, podemos describirlas como circuitos de retroalimentación aunque "retroalimentación" sola e incluso "procesamiento de información" son demasiado simples para los patrones complicados, no lineales de la inhibición, excitación, regulación mutua y redundancia con las cuales que se combinan nuestras células y nervios cerebrales. La DEFTación proporciona otra primera aproximación para descubrir las tendencias que van desde dentro hacia fuera y desde el funcionamiento "bajo" hacia el "alto".
Como presuponen los términos "alto" y "bajo", podemos considerar la mente como una jerarquía de redes funcionales. Los niveles superiores usan los niveles inferiores para cumplir su mandato, controlándolos con señales de referencia, de la misma manera que un artesano controla su torno o un pescador su caña. Los niveles inferiores proporcionan la información que necesitan los niveles superiores para funcionar: el tirón en la caña de pescar, o el sonido del cuenco en el torno. Así hay una acción compartida de arriba a abajo de la jerarquía. A cualquier nivel, un nivel superior conduce al nivel inferior-alguna norma personal-identidad.
Se puede inquirir y explicar gran parte de la conducta humana si se supone que la parte más alta de esta jerarquía es la identidad: un yo final, pontificio, unificante-como el implacable analizador y conocedor que le ha llevado a través de estos capítulos teóricos. Ese yo se crea a sí mismo como un yo consistente por medio de satisfacciones y reafirmaciones tranquilizadoras (para mí, conocimiento) que encajan con la naturaleza del yo hasta ese momento.
Sin embargo, ese yo se encuentra entre el observador y el observado. Es una forma para que un ser humano represente a otro. La idea que usted tiene de su identidad no coincidirá con la de ningún otro, ni con la mía. Mientras que en los niveles inferiores todos encontrarán los mismos circuitos de ver, oír y leer en usted como en cualquier otra persona, en el nivel de encontrar la identidad, estamos involucrados en una acción humana recíproca que es tan impredecible, tan "diferente" como cualquier relación humana.
En la declaración nómica de Kluckhohn y Murray, cada uno de nosotros es de alguna manera como cualquier otro, de alguna manera como otro, y de alguna manera como ningún otro (1948). La imagen de retroalimentación de dos circuitos me permite pensar en esas relaciones, pensar en un ejemplo anterior, escribir la b en bat. Las marcas que veo en la página son las mismas marcas que cualquier otro ser humano verá allí, pero no todos tendrán la misma experiencia de ellas que tengo yo. En Francia se enseña una forma diferente de escribir la letra b. Por lo tanto, la percepción de la letra b de un francés no corresponderá con la mía. Por último nadie más escribe la letra b con la misma caligrafía que yo. En general, la imagen de una identidad que gobierna una jerarquía de circuitos de retroalimentación que procesan información me permite comprender como soy un ser único, un ser cultural y un ser humano-todos a la vez.
Esta imagen de una identidad que gobierna las retroalimentaciones también nos permite definir "mente": aquello que se encarga de adaptar lo que es menos-que-mente hacia la identidad. Menos oblicuamente (en oposición a cuerpo o materia), mente consiste en niveles de referencia (en el sentido de Powers) o en los elementos teleológicos (de acuerdo con Granit), las condiciones limitantes (Polanyi), los "temas de la vida" (Schank and Abelson), o los propósitos y metas (James y Scherrington) que guían las funciones inferiores hacia metas superiores. En los tres elementos de la red de retroalimentación (los primeros dos siendo output de conducta comparados con el input perceptual), la mente debe ser la tercera: un nivel de comparación y referencia. Sin embargo, la mente se revela a sí misma sólo como la meta proporcionada a una red inferior por una de nivel superior. En una imagen simplificada, el nivel de referencia para un circuito-su mente-es simplemente el siguiente circuito superior.
Por lo tanto, la mente está orientada al futuro, la mente es más abstracta, pero lo que es más importante, la mente es relativa al nivel del que hablamos. Lo que es mente para la célula individual de la retina, es menos-que-mente para el proceso de ver un rostro. Lo que significa mente para ver un rostro es menos-que-mente para el proceso de reconocer a Winston Churchill.
En estos varios niveles de mente, podemos usar un nivel superior para indagar en los niveles inferiores, pero no podemos usar un nivel inferior para indagar en los niveles superiores. Lo superior comprende el funcionamiento del inferior y así da forma al significado de éste. De ahí que, a medida que ascendemos una jerarqía de límites, alcanzamos niveles aún más altos de significado. Nuestra comprensión de todo el edificio jerárquico se profundiza a medida que subimos de un nivel a otro. Generalmente podemos descender hasta los componentes de un nivel inferior analizando un nivel superior, pero el proceso opuesto implica una integración de los principios del nivel inferior, y esta integración puede resultar demasiado difícil para nuestra comprensión. Dicho de otra forma, siempre podemos obtener conocimiento de los procedimientos inferiores del cerebro, pero quizás no podemos llegar al conocimiento de los niveles más altos del funcionamiento mental, esos que generalmente llamamos mente y a los que yo añadiré identidad.
Esta limitación de nuestro conocimiento ofrece una especie de respuesta a la fuerte crítica filosófica de nuestro siglo a la propia idea de "mente". Gilbert Ryle y, después de él, Stuart Hampshire y otros muchos han criticado nuestro uso común del término como, por ejemplo, una ubicación: "Estaba fuera de quicio"-" Lo primero que me viene a la mente".... O como un maniquí: "Mi mente rehusa aceptar la idea de que....". "Tiene una mente sana" (Ryle 1949, Hampshire, 1962a, b).
Extienden su ataque a ideas tales como motivo o intención. Si quiero comprar una bolsa de palomitas de maíz, ¿Por qué debo asumir que exista una persona que ponga en movimiento la acción con antelación al tiempo y de alguna manera dentro o detrás del escenario que "tenía intenciones de" comprar palomitas de maíz? El pensar de esa manera nos lleva a una infinita regresión: me decidí a comprar palomitas de maíz, decidí tomar la decisión de tomar la decisión de comprar palomitas de maíz; decidí decidir tomar la decisión de comprar palomitas de maíz y así sucesivamente. Si una acción requiere un movimiento intelectual previo ¿por qué no todas?
El psicoanalista Roy Schafer ha extendido la discusión a la mayor parte del lenguaje psicoanalítico: ego, id, superego, impulso, defensa, líbido e incluso palabras de uso diario, tales como amor, culpabilidad, agresión o ansiedad. Todas enredan, según él, acciones con acciones previas y acciones pre-previas con pre-pre-pre-acciones (1976). Incluso la palabra "YO" llega a ser una ficción elusiva según este punto de vista, un fantasma de la opera perdido en el funcionamiento mental.
Pero los psicológos del cerebro no se apartan asustados de la infinita regresión como lo hacen los filósofos. Si el cerebro funciona mediante una jerarquía de redes funcionales, y si las redes inferiores requieren señales de referencia de las superiores, entonces sí, estamos tratando con una regresión. Yo puedo mirar hacia abajo a través de cualquier nivel dado, pero quizás no pueda mirar hacia arriba de un nivel inferior a otro superior, tal como quizás no pueda ver entre las palabras de un poema para averiguar el significado de éste, un propósito o una intención.
La "Mente" y el "Yo" serán más que mi mente cuando trato de pensar en "mente" o "yo". Serán, en palabras de un filósofo "sistemáticamente elusivos". Pero aún así es posible explorar e inferir cosas sobre ellos.
El Sr. Powers, usando su modelo electroquímico para circuitos de retroalimentación, puede inferir cuánto tiempo antes de una acción debe tener lugar la intención, cuánto tiempo antes que haya la intención tienen que empezar a funcionar los niveles superiores que dan la información necesaria, por consiguiente a qué frecuencia debe funcionar el ciclo. Aunque no podemos decir que esos niveles "superiores" sean en verdad "superiores" o "interiores", podemos decir que son previos en el tiempo-y por cuantos microsegundos. Herbert Simon similarmente concluye que la velocidad dentro de los circuitos excede en mucho a la velocidad de los circuitos que los controlan, garantizando así el "poder de quasi-descomponibilidad" de los varios circuitos. Hasta cierto punto, parece que pudiéramos interpretar conceptos tales como "propósito" o "meta", o frases como "trato de" como si se refiriesen a entidades físicas (1969, p. 106).
Podemos y debiéramos purgar el lenguaje psicoanalítico de ficciones tales como "el yo" o "el ego" siempre que estén en conflictos con otros diagramas que tengan igual derecho a reclamar nuestra credulidad, tal como el trabajo de los fisiólogos del cerebro. Debemos aferrarnos, por otra parte, a los diagramas que están de acuerdo con secciones transversales radicalmente diferentes del edificio de la mente tales como la descripción de mente como una jerarquía que hacen los fisiologos del cerebro. En lo que se refiere a la "mente", la teoría de la identidad nos proporciona justamente tal suma de diferentes diagramas dentro del sistema general de psicoanálisis. La Mente es 1) la jerarquía del cuerpo de 2) redes de retroalimentación (o procesamiento de información) cuyos niveles de referencia son una función de 3) identidad.
Esta identidad en la cima-y por lo tanto permeando el sistema-es triple. Es un agente, el "sujeto" y de los varios circuitos que inician nuestro proceso de ver, andar, hablar o leer. Es también la consecuencia de aquellos actos en la medida en que se retroalimentan hacia dentro del ser que los inició, el Yo creado mediante el proceso de ver, andar, hablar y leer. Esa identidad-ese yo-usa cultura, como la cultura usa la fisiología. La cultura tanto limita como también hace posible las aspiraciones de un Yo, así como la fisiología tanto limita como hace posible la cultura, así como el lenguaje limita y hace posible la realización de la visión del poeta. Finalmente la identidad es una representación, necesariamente parcial o esquiva, hecha por un Yo u otro de esta totalidad. Este último-este estar entre medio-es la mente que modela la mente que permea a su propio modelaje, pero que nunca podrá estar representada en ella. La teoría de la identidad proporciona no sólo un modelo sino también una paradoja necesaria, una elusividad intrínsica a un ser pensante y cambiante, al Yo que crece en el tiempo, al Yo con una historia.